Palestina ingresa como miembro de la UNESCO.


La Conferencia General de la UNESCO votó a favor de la admisión de Palestina como Estado Miembro de la Organización.

Firmando y ratificando la Constitución de la UNESCO (Artículo XV de la Constitución de la UNESCO), depositada en los archivos del Gobierno del Reino Unido, en Londres, la decisión entra en vigor.

El ingreso de Palestina eleva a 195 el número de Estados Miembros de la UNESCO. La votación se resolvió por 107 votos a favor y 14 votos en contra, con 52 abstenciones.

La admisión en la UNESCO de Estados que no son miembros de Naciones Unidas requiere una recomendación favorable del Consejo Ejecutivo de la Organización y un voto con una mayoría de dos tercios de los Estados Miembros de la Conferencia General presentes y votantes (los miembros que se abstienen de votar se consideran “no votantes”). 

La Conferencia General está formada por representantes de los Estados Miembros de la Organización. Se reúne cada dos años y a ella acuden Estados Miembros y Miembros Asociados junto con observadores de los Estados no Miembros, organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales (ONG). Cada Estado Miembro tiene un voto independientemente de su tamaño o de su contribución al presupuesto.

La Conferencia General determina las políticas y las principales líneas de trabajo de la Organización. Su labor consiste en determinar los programas y fijar el presupuesto de la UNESCO. También elige a los miembros del Consejo Ejecutivo y elige, cada cuatro años, al Director General. 



Por tal decisión (mayoritaria) Estados Unidos resolvió quitar los fondos que aporta al organismo (22% de sus fondos).

Junto a Estados Unidos, Israel, Alemania, Canadá y Panamá fueron de los que votaron en contra (14 en total) mientras que países como Italia y Reino Unido decidieron abstenerse (52 en total).

Los indignados marchan en todo el mundo.


El movimiento de indignados, nacido el 15 de mayo en España contra la precariedad económica y el poder de los grandes grupos financieros, y que en las últimas semanas tiene su epicentro en los Estados Unidos, convocó para este sàbado a la primera protesta mundial con manifestaciones en 951 ciudades de 82 países. La marcha se realiza en las principales ciudades del mundo y tiene amplia convocatoria. Hasta ahora sólo hubo algunos incidentes en Italia.

Bajo el lema “United for Global change” (Unidos por el cambio global), los indignados realizan una jornada internacional de solidaridad para “hacer saber a los políticos y a las élites financieras a las que sirven, que ahora seremos nosotros, el pueblo, los que vamos a decidir nuestro futuro”.

En Berlín, según los organizadores, unas 5.000 personas se concentraron para mostrar su rechazo al poder de los mercados financieros y a la codicia empresarial. En la manifestación de la capital alemana, que culminará frente da la Cancilleria, las pancartas exigian una participación directa de los ciudadanos en la democracia y mayor igualdad social.

En Londres se esperaba también la participación de 5.000 personas en la protesta "Occupy London Stock Exchange", que pretende llegar hasta la bolsa de la capital británica.

También miles de personas se concentraron en las calles italianas, donde los convocantes habían pronosticado la afluencia de hasta 200.000 personas en Roma. Algunos manifestantes quemaron automóviles y banderas italianas y europeas, según informaron medios locales.

Y en Bruselas, corazón de las instituciones europeas, llegaron a manifestarse hoy hasta 6.000 personas, el doble de lo esperado por los organizadores, según informó la agencia Belga. Hasta la capital de Bélgica llegaron también "indignados" españoles, que durante 80 días cubrieron a pie los 1.600 kilómetros que separan Madrid de Bruselas. Los manifestantes marcharon frente a la bolsa, la embajada estadounidense y la Comisión Europea.

En España hay convocadas manifestaciones en ciudades de toda la geografía. En Madrid, punto de origen de los "indignados", la marcha saldrá de la plaza de Cibeles para llegar a la Puerta del Sol, epicentro de las manifestaciones del pasado mes de mayo. También se realizaron actos de protesta en varias ciudades sudafricanas y australianas.

Hubo algunos incidentes en Italia, donde la policía italiana cargó contra varios grupos de encapuchados que les arrojaban piedras, bengalas y petardos durante la manifestación en Roma que convocó a cerca 200.000 personas.

En Nueva York los indignados marcharán hacia las emblemáticas esquinas del Times Square de Manhattan contra el “neoliberalismo creado en los últimos 30 años por el 1%” más poderoso, según anuncian. “Debemos marcar el comienzo de una era de justicia democrática y económica. Debemos cambiar, debemos evolucionar”, aseguran los integrantes de “Ocupen Wall Street”.

Atravesando la cuarta semana de movilizaciones y acampes pacíficos en los Estados Unidos, los indignados mantienen sus actividades a pesar de las más de 700 detenciones que registraron en todo el país y de los desalojos que las autoridades comenzaron a aplicar en los últimos días.

El viernes los indignados de Wall Street lograron evitar que la policía los desalojara con el objetivo de limpiar la plaza donde acampan. La decisión del alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, de suspender la orden de limpieza llegó luego de que más de 300 mil estadounidenses firmaran peticiones para detener el desalojo. “Estamos ganando y Wall Street tiene miedo”, señaló la manifestante Kira Moyer-Sims. “Este movimiento está ganando impulso y es muy grande para fallar”, agregó.

Luego de los cientos de detenidos en el puente de Brooklyn semanas atrás, la ciudad de Denver fue testigo esta madrugada del accionar policial que culminó con el desalojo de los manifestantes de la plaza donde acampaban y con el arresto de 24 personas, según consignó la cadena televisiva CNN.

“Vamos a continuar protestando, ocupando. Encontraremos una manera para hacerlo. No pueden frenar el futuro de este movimiento”, afirmaban desde la cuenta de Twitter de Occupy Denver mientras sucedían los hechos.

El movimiento, originado el 17 de septiembre por un grupo de jóvenes inspirados en la “primavera árabe”, protesta por la crisis que atraviesa la primera potencia mundial y los abusos de la banca, exigiendo que “la voz del 99% del país sea escuchada y no la del 1% que sigue enriqueciéndose”.

Actualmente, la rebelión contra la falta de regulación financiera y de equidad fue extendiéndose por las grandes ciudades del país y logrado el apoyo de sindicatos, profesionales, artistas y de destacadas figuras, como el ex líder sindical polaco y Premio Nobel de la Paz, Lech Walesa.

Occupy Wall Street


Cientos de seguidores del movimiento 'Occupy Wall Street' volvieron este lunes a marchar por el centro financiero de Nueva York, muchos de ellos disfrazados de "zombis corporativos" para simbolizar la muerte del capitalismo y los grandes bancos y corporaciones.

Desafiando a la lluvia y al amplio despliegue de las fuerzas de seguridad, los activistas recorrieron el barrio de los negocios de la ciudad de los rascacielos, pasando por las sedes de la Bolsa de Nueva York y de la Reserva Federal, en un ambiente festivo y en la que abundaron las caras pintadas y las máscaras de zombis.

"Necesitamos representación del mismo gobierno al que nosotros llevamos al poder. Queremos que nuestro poder sea de nuevo nuestro y no parte de un interés corporativo", indicó a Efe Matty Slick-Hex, un pinchadiscos de 23 años disfrazado de "zombi corporativo" con la cara pintada de blanco para simbolizar la muerte del capitalismo.

Slick-Hex explicó que su atuendo, repetido por otras decenas de participantes, se debía a la voluntad de "ponerle un poco de sentido del humor, poner una sonrisa en las caras de la gente que lleva un tiempo aquí".

Los manifestantes, que se encuentran ya en su tercera semana de protestas, celebraron la marcha del lunes en un ambiente distinto al fin de semana, cuando la Policía detuvo a unos 700 activistas en su marcha sobre el Puente de Brooklyn, donde cortaron el tráfico al invadir los carriles reservados para vehículos.

En esta ocasión, los manifestantes respetaron la orden policial de no invadir la calzada y la marcha se desarrolló sin incidentes entre los vítores de algunos ciudadanos y la evidente desaprobación de algún ejecutivo de Wall Street que se cruzó con ellos.
Reclamos

Portando carteles con mensajes como "Después de la primera árabe, llega el otoño americano" y coreando eslóganes como "A los bancos los rescataron, a nosotros nos timaron", los activistas marcharon a ritmo de tambor por el distrito financiero de Nueva York, pero finalmente no llegaron hasta el Ayuntamiento como habían anunciado.

Los seguidores de 'Occupy Wall Street' fueron vigilados en todo momento por decenas de agentes de la Policía de Nueva York, muchos de los cuales se dedicaban a grabar con cámaras de vídeo a los manifestantes, que acusan al cuerpo de haberos engañado para poder detener a algunos de sus miembros.

El movimiento cuenta con cada vez más adeptos y uno de los últimos grupos en sumarse fue hoy el poderoso sindicato de transportistas TWU, que presentó una demanda contra la Policía y a la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey por obligar a sus conductores a transportar a los detenidos en vehículos de transporte público.

Los más de 700 arrestos del sábado en el Puente de Brooklyn también provocaron la ira de varios simpatizantes de "Occupy Wall Street" contra el alcalde de la Gran Manzana, Michael Bloomberg.

"Fue un imbécil por criticarnos diciendo que nuestro objetivo eran ir a por los millonarios como él", explicó a Efe Joan Pleune, una jubilada de 72 años que respalda la movilización callejera contra la "avaricia" del sistema financiero.



Bloomberg declaró la semana pasada que "ya vería" si se les permitía a los manifestantes quedarse atrincherados durante meses en la plaza Liberty, pese a tener autorización del dueño del parque privado.

Las protestas también se repitieron hoy en otras ciudades de Estados Unidos como Los Ángeles, donde los activistas acamparon delante del salón de juntas municipal, o Chicago, donde se concentraron en la sede del Banco de la Reserva Federal.

Concentraciones similares están previstas para esta semana en numerosos puntos de la extensa geografía estadounidense, desde Baltimore (Maryland) hasta Hilo (Hawai).

El movimiento 'Occupy Wall Street' lleva acampado desde el pasado 17 septiembre en el distrito financiero de Nueva York para clamar contra la crisis económico y los abusos del sector bancaria y buscar que "se escuche la voz del 99% del país y no la del 1% que sigue enriqueciéndose", según su página web.

Marx, Steve Jobs y el Estado.



No existen pensadores del siglo XIX a los que no puedan hacérseles recriminaciones en el siglo XXI. Mucho menos si estos pensadores propusieron una filosofía de la praxis y hundieron sus cuerpos en “el barro de la historia”; una historia que sus ideas contribuyeron a modelar mucho más allá de sus muertes. Karl Marx fue un testigo privilegiado e interactivo de los albores del capitalismo, período del que brindó profuso testimonio en sus obras. Por eso a primera vista parece poco apropiado unir a personajes tan disímiles como el máximo teórico de los primeros años del capitalismo con uno de los hijos dilectos de este capitalismo de fines del siglo XX y comienzos del XXI, el exitoso empresario estadounidense Steve Jobs, fallecido el pasado miércoles. Pero si se sigue un procedimiento casi estrictamente marxista, es posible preguntarse cuál es la sustancia común entre ambos. En una primera aproximación la sustancia sería el capitalismo, pero en este caso el nexo no es la sustancia de la sustancia; la mercancía y sus relaciones.

En El Capital, Marx explicaba la tendencia a la igualación de las tasas de ganancia, el proceso por el cual los valores de cambio de las mercancías tienden a su valor, pero inmediatamente introducía un concepto todavía luminoso para la comprensión del presente, el del “privilegio del innovador”. Como el valor de los bienes está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su reproducción, es decir, no cualquier tiempo de trabajo sino, como les gusta decir a los sociólogos; un tiempo de trabajo socio-históricamente determinado, puede aparecer un adelantado; alguien que descubre una nueva técnica de producción que utiliza menos trabajo humano y que, por lo tanto, puede producir la misma mercancía que los demás, pero más barata, con menos trabajo incorporado. La gran diferencia es que mientras el innovador produce más barato sigue vendiendo al mismo precio (valor de cambio) que los demás. Tal su “privilegio”.

¿Hasta cuándo dura esto? Hasta que el privilegio desaparece, cuando sus competidores también comienzan a producir con la nueva técnica. Para los consumidores esto es fantástico porque el resultado final son menores precios para un mismo producto o mercancía. A fines del siglo XX, el pensador marxista argentino Pablo Levín, reformuló este concepto en su obra El capital tecnológico. Levín explicaba lo que es propio de este capital: responder a la necesidad de autonomizar el momento del privilegio del innovador. Difícil recordar si Levín lo decía así, pero este es el concepto. Para conseguir una tasa de ganancia diferencial, el capital tecnológico necesita prolongar indefinidamente el momento del privilegio del innovador. Para hacerlo necesita a su vez constantes e ingentes inversiones en investigación y desarrollo. Claro que no todo es tan idílico. No se trata sólo de algo que sucede en el momento de la producción, en un mundo de científicos de guardapolvo blanco en inmaculados laboratorios, ni de chicos rebeldes en jeans, algo cools, discutiendo sobre tendencias y diseñando el último dispositivo móvil. El privilegio del innovador también debe defenderse con uñas y dientes en el duro espacio del mercado. Piénsese, por ejemplo, en Monsanto enjuiciando a la Argentina en Europa para cobrar regalías por semillas transgénicas, o en los mismos juicios de Apple a las firmas asiáticas que copian su hardware, o los intentos predefinidos de quedarse con el 30 por ciento de las ventas de los medios que utilicen sus dispositivos. El capital tecnológico necesita estos márgenes para seguir autonomizando el momento del privilegio de la innovación, sin esta base, el castillo no puede sostenerse.

Pocos sectores grafican mejor estos procesos que el de la industria de la información y las telecomunicaciones, de la que Jobs fue uno de sus grandes exponentes. Tan temprano como en los ’80 se escribió, por ejemplo, que “si la industria automotriz hubiese avanzado tanto como la de computadoras, hoy un auto costaría un dólar y recorrería un millón de kilómetros con un litro de nafta”.

Tras la muerte de Jobs, abundarán por mucho tiempo las lecturas apologéticas. Jobs fue una personalidad brillante y da con el phsyque du rol para la construcción de estas narraciones. No sólo cuadra con la explicación de ser una figura generadora de privilegios de innovación, sino también con la del empresario shumpeteriano. Pero desde la economía y, sobre todo desde la Argentina de 2011, resulta más interesante preguntarse por qué no hay “Steves Jobs” aquí. O, ampliando el horizonte, por qué el Silicon Valley está en California y no existe uno similar, por ejemplo, en Mendoza. ¿No pueden surgir aquí personalidades brillantes y creativas capaces de ser innovadoras?

La primera respuesta es que tanto a las interpretaciones marxistas como a las de la espontaneidad del genio, les faltan dos componentes esenciales, el Estado y el contexto. El Silicon Valley se desarrolló en Estados Unidos porque este es el país que, a través de la participación pública en el llamado complejo militar-industrial, posee la política industrial más activa del mundo. Firmas como Apple no innovaron en procesos productivos, en todo caso lo hicieron y hacen sus tercerizadas proveedoras asiáticas en contextos más amplios del desarrollo capitalista global. Sus innovaciones se produjeron primero en la adaptación de desarrollos que surgieron, como es el caso de las computadoras o Internet, del complejo militar y después fueron redirigidas por visionarios que, como Jobs, vislumbraron sus usos civiles y de consumo masivo. Luego, ya en segundo lugar, está el contexto. La mítica empresa que nace en el garaje de clase media de jóvenes inquietos no sería nada sin un sector financiero dispuesto a apoyar a los genios innovadores y sin una capacidad de consumo interna que pueda absorber los nuevos productos. No se trata solamente del capital tecnológico que se retroalimenta de ciclos de ganancia anteriores, sino del conjunto del capital fluyendo hacia los sectores de altísima rentabilidad potencial en el marco de sociedades con un alto poder adquisitivo. Steve Jobs puede haber sido un tipo genial, pero no todo su éxito se debió a la pura genialidad.

Esclavos en Europa.

os siglos después de la abolición de la esclavitud regresa una práctica abominable: la trata de personas. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que 12,3 millones de personas en el mundo se ven sometidas, a través de redes ligadas a la criminalidad internacional, a la explotación de su fuerza de trabajo en contra de su voluntad y en condiciones inhumanas.

Tratándose de mujeres, la mayoría son víctimas de la explotación sexual, mientras muchas otras son explotadas específicamente en el servicio doméstico. También se da el caso de personas jóvenes y en buen estado de salud que, bajo diversos engaños, son privadas de su libertad para que partes de sus cuerpos alimenten el tráfico ilegal de órganos humanos.

Pero la trata se está extendiendo cada vez más a la captura de personas que sufren la explotación de su fuerza de trabajo en sectores de la producción muy necesitados de mano de obra barata, como la hotelería, la restauración, la agricultura y la construcción.

A ese tema preciso, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) le dedicó en Viena, los días 20 y 21 de junio pasado, una Conferencia internacional con la participación de autoridades políticas, organismos internacionales, ONGs y reconocidos expertos (1).

Aunque el fenómeno es mundial, varios especialistas subrayaron que la plaga del trabajo esclavo está aumentando aceleradamente en el seno mismo de la Unión Europea (UE). El número de casos revelados por la prensa, cada vez más numerosos, sólo constituye la punta del iceberg. Las organizaciones sindicales y las ONGs estiman que hay centenares de miles de trabajadores sometidos a la execración de la esclavitud en Europa (2).


“Campos de trabajo” en Europa


En España, Francia, Italia, Países Bajos, Reino Unido y en otros países de la UE, numerosos migrantes extranjeros, atraídos por el espejismo europeo, se ven atrapados en las redes de mafias que los obligan a trabajar en condiciones semejantes a las de la esclavitud de antaño. Un informe de la OIT reveló que, al sur de Nápoles, por ejemplo, unos 1.200 braceros extracomunitarios trabajaban 12 horas diarias en invernaderos y otras instalaciones agrícolas sin contrato de trabajo y por sueldos miserables. Vivían confinados en condiciones propias de un campo de concentración, vigilados militarmente por milicias privadas.

Este “campo de trabajo” no es el único en Europa. Se ha descubierto, por ejemplo, en otra región italiana, a centenares de migrantes polacos explotados del mismo modo, a veces hasta la muerte, esencialmente para la recolección de tomates. Se les había confiscado su documentación y sobrevivían subalimentados en una clandestinidad total. Sus “propietarios” los maltrataban hasta el punto de que varios de ellos perdieron la vida por agotamiento, por los golpes recibidos o empujados al suicidio por la desesperación.

Esta situación concierne a miles y miles de inmigrantes sin papeles, víctimas de negreros modernos en los más diversos países europeos. Según varios sindicatos, el trabajo clandestino en el sector agrícola representa casi el 20% del conjunto de la actividad (3).

El modelo económico dominante tiene una gran responsabilidad en esta expansión de la trata de trabajadores esclavos. En efecto, la globalización neoliberal –que se ha impuesto en los tres últimos decenios gracias a terapias de choque con efectos devastadores para las categorías más frágiles de la población– supone un costo social exorbitante. Se ha establecido una competencia feroz entre el capital y el trabajo. En nombre del librecambio los grandes grupos multinacionales fabrican y venden en el mundo entero. Pero con una particularidad: producen en las regiones donde la mano de obra es más barata y venden en las zonas donde el nivel de vida es más alto. De ese modo, el nuevo capitalismo erige la competitividad en principal fuerza motriz y establece, de hecho, la mercantilización del trabajo y de los trabajadores.


Las empresas multinacionales, al deslocalizar sus centros de producción a escala mundial, ponen en competencia a los asalariados de todo el planeta con un objetivo: minimizar los costos de producción y abaratar los salarios. En el seno de la Unión Europea, eso desestabiliza el mercado del trabajo, deteriora las condiciones laborales y hace más frágiles los sueldos.

La globalización, que ofrece tan formidables oportunidades a unos cuantos, se resume para la mayoría de los demás, en Europa, en una competencia sin límites y sin escrúpulos entre los asalariados europeos, pequeños empresarios y modestos agricultores, y sus equivalentes mal pagados y explotados del otro lado del mundo. De ese modo se organiza, a escala planetaria, el dumping social.

En términos de empleo, el balance es desastroso. Por ejemplo, en Francia, en los dos últimos decenios, ese dumping causó la destrucción de más de dos millones de empleos únicamente en el sector industrial. Sin hablar de las presiones ejercidas sobre todos los salarios.


Un fenómeno nuevo: la “trata legal”


En semejante contexto de desleal competencia, algunos sectores en Europa, en los que existe una carencia crónica de mano de obra, tienden a emplear a trabajadores ilegales, lo cual estimula la importación de migrantes sin papeles, introducidos en el seno de la UE por traficantes clandestinos que en muchos casos los obligan al trabajo esclavo. Numerosos informes evocan claramente la “venta” de braceros agrícolas migrantes. En el sector de la construcción muchos trabajadores jóvenes extracomunitarios, sin papeles, se hallan bajo el control de bandas especializadas en la trata de personas y son “alquilados” a empresas alemanas, italianas, británicas o griegas. Estos trabajadores esclavos se ven forzados por las bandas que los explotan a pagar sus gastos de viaje, de alimentación y de alojamiento, cuyo total es en general superior a lo que ganan. De tal modo que pronto, mediante el sistema de la deuda, pasan a “pertenecer” a sus explotadores (4).

A pesar del arsenal jurídico internacional que sanciona esos crímenes, y aunque se multipliquen las declaraciones públicas de altos responsables que condenan esa plaga, hay que reconocer que la voluntad política de poner fin a esa pesadilla resulta más bien débil. En realidad, las patronales de la industria y de la construcción y los grandes exportadores agrícolas influyen permanentemente sobre los poderes públicos para que hagan la vista gorda sobre las redes de importación de migrantes ilegales. Los trabajadores sin papeles constituyen una mano de obra abundante, dócil y barata; una reserva casi inagotable cuya presencia en el mercado de trabajo europeo contribuye a calmar los ardores reivindicativos de los asalariados y de los sindicatos.

Las patronales siempre han sido partidarias de una inmigración masiva. Y siempre por el mismo motivo: abaratar los sueldos. Los informes de la Comisión Europea y de Business Europe (la patronal europea) reclaman, desde hace decenios, siempre más inmigración. Los patrones saben que cuanto mayor sea la oferta de mano de obra, más bajos serán los salarios.

Por eso ya no sólo los negreros modernos explotan a los trabajadores esclavos; ahora se está desarrollando una suerte de “trata legal”. Véase, por ejemplo, lo que sucedió en febrero pasado en Italia, en el sector de la industria del automóvil. El grupo Fiat colocó al personal de sus fábricas ante un chantaje: o los obreros italianos aceptaban trabajar más, en peores condiciones y con salarios reducidos, o las fábricas se deslocalizaban a Europa del Este. Enfrentados ante la perspectiva del desempleo y aterrorizados por las condiciones existentes en Europa del Este, donde los obreros están dispuestos a trabajar sábados y domingos por salarios miserables, el 63% de los asalariados de Fiat votaron a favor de su propia sobreexplotación...

En Europa, muchos patronos sueñan, en el marco de la crisis y de las brutales políticas de ajuste, con establecer esa misma “trata legal”, una especie de esclavitud moderna. Gracias a las facilidades que ofrece la globalización neoliberal, amenazan a sus asalariados con ponerlos en competencia salvaje con la mano de obra barata de países lejanos.

Si se quiere evitar esa nociva regresión social, hay que empezar por cuestionar el funcionamiento actual de la globalización. Es hora de comenzar a desglobalizar.


1 Bajo el título: “Preventing trafficking in human beings for labour exploitation: decent work and social justice”, la conferencia fue organizada por la representante especial y coordinadora para la lucha contra la trata de seres humanos, Maria Grazia Giammarinaro, y su equipo en el marco de la Alianza contra la trata de personas.

2 Véase el informe Combating trafficking as modern-day slavery: a matter of rights, freedom and security, 2010 Annual Report, OSCE, Viena, 9 de diciembre de 2010.

3 Véase el informe The Cost of coercion, OIT, Ginebra, 2009.

4 Véase No trabajar solos. Sindicatos y ONG unen sus fuerzas para luchar contra el trabajo forzoso y la trata de personas en Europa, Confederación sindical internacional, Bruselas, febrero de 2011.

(Ignacio Ramonet, para Le Monde Diplomatique)

"A ocupar Wall Street"

Es la consigna de centenares de jóvenes –y no tan jóvenes– que desde hace dos semanas protestan en el Zuccotti Park, ex Liberty Plaza Park, en pleno centro financiero de Nueva York. La policía detiene a algunos, les rocía la cara con pimienta a otros, pero ellos no abandonan el lugar donde se reúnen y debaten qué hacer. Alzan carteles que dicen “Me gradué, no tengo trabajo” y están tan indignados como sus coetáneos españoles.

Los medios no les hacen mucho caso, el New York Times los tilda de actores de “un progresismo de pantomima”, pero los reclamantes viven en un país con 14 millones de desocupados según cifras oficiales (www.bls.gov, 2-9-11) o 34 millones según estimaciones europeas (www.eutimes.net, 6-3-11). En el extremo opuesto de la pirámide social, exactamente en la cúspide, se encuentra Bill Gates, el más rico de los 400 estadounidenses más ricos en la lista de Forbes, con bienes por valor de 54.000 millones de dólares (www.forbes.com/forbes400, 21-9-11). Los 400 tienen juntos más riqueza que 180 millones de sus conciudadanos juntos (www.politicalfact.com, 5-3-11) y su total, que asciende a 1,5 billón de dólares, aumentó un 12 por ciento respecto del 2010 (//blog.nj.com, 20/9/11). Decididamente, la crisis económica global tiene características especiales en la primera potencia del mundo. Y ciertas curiosidades.

Los CEO o directores ejecutivos de las grandes empresas reciben en promedio 11 millones de dólares anuales (www.aflcio.org/corporate watch, 2011) y aun ganan dinero ya en la tumba si fallecieron durante el desempeño de sus funciones. La familia de Eugene Isenberg, CEO de la Nabor Industries especializada en la perforación de pozos de petróleo, habría recibido 263,6 millones de dólares en concepto de compensaciones póstumas, incentivos, bonos y diferentes seguros de vida si Eugene hubiera muerto antes de que la empresa renegociara el trato (The Wall Street Journal, 10/6/08). Para Michael Jeffries, de la fábrica de ropa Abercrombie & Fitch, la suma concertada fue modesta: apenas 17 millones de dólares (www.marketwatch.com, 13/5/09). Huelga decir que no es la situación de muchos asalariados que mueren antes de retirarse, incluso en sus lugares de trabajo.

Pocas compañías estarían dispuestas a conceder compensaciones póstumas a las familias de sus empleados, por mínimas que fueran. Pasa lo contrario y es siniestro: hace años que las empresas estadounidenses conciertan seguros de vida para sus millones de operarios, obtienen así descuentos fiscales y embolsan el importe cuando alguno de ellos fallece. El Wall Street Journal narró el caso de la viuda de un empleado de banco que demandó al Amegy Bank de Houston reclamando los 1,6 millón de dólares que la entidad recibió por el seguro de vida de su marido, un seguro que los directivos habían contratado meses después de que lo operaran de un cáncer y que mantuvieron a pesar de haberlo despedido (//online.wsj.com, 24/2/09).

A poco más de un año de los comicios de los que espera salir reelecto, el presidente Obama presentó al Congreso un plan para reducir el déficit fiscal, que llegó a 1,23 billón de dólares en agosto pasado, es decir, el 8,5 por ciento del PIB nacional. El plan incluye un alza tributaria para los que tienen ingresos anuales superiores al millón de dólares: es la llamada “norma Buffet”, por el multimillonario Warren Buffet, que desde 2007 proclama que él y sus amigos “megarricos” suelen pagar menos impuestos que el ciudadano corriente y que, en consecuencia, habría que aumentarles la imposición fiscal. Es difícil que la aprueben los republicanos pero, aunque lo hicieran, el número de alcanzados por la norma llegaría al 0,3 por ciento de los contribuyentes y rala sería la recaudación posible en una década, estima el New York Times (17/9/11). Claro que, como movida electoral, no es mala.

El plan de Obama propone una inversión de 447 mil millones de dólares para crear fuentes de empleo, pero algunos especialistas no comparten el optimismo que despierta una proposición que tampoco goza del afecto de los republicanos. “Tiende más bien a conservar puestos de trabajo que a aumentarlos”, opinó el conocido estratega financiero John Hermann (www.bloomberg.com, 27/9/11). Contribuiría a crear o a mantener unos 280.000 empleos en los dos próximos años, cantidad muy exigua dada la desocupación imperante.

Por Internet se organizan y alimentan las manifestaciones de Zuccotti Park, como sucedió en Egipto, y el twitteo es la vía de contacto preferida. De la revolución egipcia han aprendido otras lecciones: el régimen de Mubarak bloqueó Internet con eficacia y un grupo de expertos y activistas está empeñado en generar redes alternativas para el caso de que algo similar eventualmente se produzca (//chronicle.com, 18/9/11). Con la ayuda de las nuevas técnicas, las redes sociales han adquirido un peso político notorio y bien lo saben quienes invitan a ocupar Wall Street.

(Juan Gelman, para Página 12)