Himno a la alegría.


En el 130º aniversario de su creación, el Banco Sabadell rinde un homenaje a su ciudad con la campaña "Som Sabadell". Flashmob realizada como colofón final con la participación de más de 100 personas de la Orquestra Simfònica del Vallès y los coros Lieder y Amics de l'Òpera y la Coral Belles Arts.

Sobre Alejandro Bustillo.


No era su estilo transigir ni andar con medias tintas a la hora de sostener sus convicciones. Aun frente a hegemonías absolutas, como la de los arquitectos afrancesados de la Sociedad Central de Arquitectos a fines del siglo XIX. Los mismos que, según Carlos Altgelt (1855-1937), eran sumisos adoradores de todos los estilos franceses habidos. Ellos, al igual que los gobernantes que contrataban en el país galo profesionales de dudosa reputación, eran los que, a decir de este arquitecto germano-argentino formado en Alemania, “... van a París baúl, para volver petaca”.

Autor –y coautor con su primo Hans– de decenas de edificios educacionales, que hoy forman parte del mejor patrimonio argentino, dentro de este legado sobresale la monumental Escuela Petronila Rodríguez (1886-1889), hoy conocida popularmente como Palacio Pizzurno y sede del Ministerio de Educación de la Nación, declarado Monumento Histórico Nacional. De estilo neorrenacimiento alemán, su porte y magnificencia todavía impactan al observador. Más aún cuando se entera de que el Palacio nació como una escuela pública, gratuita, para varones y mujeres. También resultan mojones de identidad las escuelas de ladrillos vistos, de excelente calidad constructiva y compositiva, ubicadas en las calles Caracas 1048 y Güemes 3859 de la Capital. Sobre estas dos últimas bien vale una aclaración. Del mismo modo que atacaba la importación de todo lo francés, Altgelt proponía una arquitectura que –a su juicio– era más propia de nuestra tierra, especialmente por sus ladrillos rojizos vistos de fabricación local, pero con formas de ascendencia germana, en un estilo que definía como “gótico brandeburgués”. Una elección a tono con las influencias recibidas durante sus estudios en la Alemania unificada. Brandeburgo fue uno de los siete electorados del Sacro Imperio Romano Germánico, y junto con Prusia formaron la base original del Segundo Reich o Imperio alemán en 1871, el primer Estado nacional unificado alemán. Berlín, futura capital alemana, se encontraba dentro del territorio de Brandeburgo, ciudad donde pasaría los últimos años de su vida, y en la que fallecería, el 1° de noviembre de 1937.

Pero Altgelt no sólo dejó un valioso patrimonio edificado. También existen numerosos escritos, en la forma de artículos periodísticos. Como los que pueden verse en diarios de la época, donde protagonizó duelos memorables contra los ingenieros con atribuciones de arquitectos, una extendida y prolongada práctica, que nadie se atrevía públicamente a cuestionar. Gustaba firmar sus trabajos como “Carlos Altgelt. Arquitecto no Ingeniero” y sostenía que los ingenieros eran profesionales ajenos al genio artístico, meros usurpadores de la profesión de arquitecto. Vehemente, apasionado, resumía su ataque contra los ingenieros con un tajante: “Zapatero a tus zapatos...” Para él todo arquitecto podía, mediante algunos estudios de ciencia pura, llegar a ser un buen ingeniero, pero ningún ingeniero podría llegar a ser un arquitecto mediocre sin largos años de aprendizaje artístico, y sobre todo porque –siempre siguiendo sus argumentaciones– “natura non da lo que Salamanca non presta”, esto es, la “chispa divina que hace al artista”. Y para que no quedaran dudas, remataba: “... donde empieza el ingeniero, acaba el artista”. Más aún, consideraba que la mala calidad de la arquitectura argentina se debía a que la Sociedad de Arquitectos estaba invadida por ingenieros que hacían de arquitectos.

En esta cruzada unipersonal, Altgelt no encontraba aliados sino réplicas como las de un tal “Cosme Fierro. Ingeniero no arquitecto”, para quien un arquitecto solo era alguien que se había quedado corto, que había realizado a medias sus estudios de ingeniería. Los mismos que a su juicio le otorgarían los necesarios “pantalones largos” de ingeniero.

Como se ve, en sus alegatos a favor de la arquitectura, Altgelt planteaba una defensa a ultranza de la disciplina como creación artística, como expresión individual del genio creador. El mismo que no podía ser terreno de ingenieros ni reglamentado por nadie. Sólo por el profesional y su cliente. De aquí su oposición a las Comisiones de Estética Edilicia, pues ningún grupo de sabihondos podría juzgar o poner límites a la libertad de creación del artista (arquitecto) ni del propietario de elegir lo bello. Un ataque desde el riñón mismo del eclecticismo historicista y el mundo de las academias, desde dentro, por uno de sus cultores y, como tal, con las contradicciones, errores y limitaciones propios de esta visión.

Recorrer los libros de actas de la Sociedad Central de Arquitectos donde se registra su acalorada participación, así como la apasionada pluma de sus notas en diarios y revistas, nos invita a sumergirnos en la trastienda de un rígido statu quo profesional, donde no eran frecuentes estas exteriorizaciones. Sólo comparables a las de otro colega argentino formado en el exterior, que compartía su ácida crítica a los proyectos de urbanistas extranjeros, Víctor Julio Jaeschke (Jeské, 1864-1938). En suma, testimonios por demás interesantes para conocer mejor un momento clave en el reconocimiento de la profesión, y también, para disfrutar una arquitectura educacional que dejó un sello indeleble en la ciudad.

JORGE TARTARINI

Lolita Lebrón


Dolores Lebrón Sotomayor, más conocida en la vida política y social del continente como Lolita Lebrón, vivió noventa años, pero no le alcanzaron para ver su patria liberada. La Puerto Rico de sus pasiones sigue siendo, hasta hoy, colonia norteamericana, bajo el púdico título de Estado Libre Asociado a la Unión.

Desde chica, Lolita fue, por herencia familiar y adhesión propia, partidaria ferviente de la independencia de su país, y muy joven se afilió al Partido Nacionalista, presidido entonces por Pedro Albizu Campos. En los ’50, para denunciar que los levantamientos no eran un problema “doméstico” de los puertorriqueños, como quería hacer ver el gobierno estadounidense, dicho partido concibió un plan que suponía ingresar y atacar la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos. El atentado se produjo el 1º de marzo de 1954. Las armas utilizadas fueron cuatro pistolas alemanas Luger calibre 45. La información del New York Times del día siguiente (“Lluvia de balas disparadas desde la galería. Capitolio en conmoción, mujer y cómplices rápidamente desarmados. Les imponen altas fianzas”) venía acompañada por una dramática foto del momento del arresto de tres nacionalistas: Lolita Lebrón, de 34 años; Rafael Cancel Miranda, de 25, y Andrés Figueroa Cordero, de 29. Todavía no habían capturado al cuarto conjurado, Irvin Flores Rodríguez, de 27 años, quien había burlado la vigilancia policial y huido del lugar. Los cuatro eran residentes de la ciudad de Nueva York y habían comprado boleto de tren para Washington DC en la calle 42, de ida sola, porque no pensaban regresar vivos de la acción.

Para Lolita, la misión entrañaba la posibilidad de atraer la atención del mundo sobre la causa de la independencia puertorriqueña. Cuando su grupo llegó hasta la galería de las visitas en el piso superior de la Cámara, ella se incorporó, gritó “¡Viva Puerto Rico Libre!” y sacó la bandera monoestrellada de su país. Luego abrieron fuego, utilizando sus armas automáticas. Fueron alrededor de treinta disparos, y cinco representantes cayeron heridos, entre ellos Alvin Bentley, del estado de Michigan, seriamente dañado en el pecho. Un agujero del tamaño de una moneda se puede apreciar aún en el escritorio usado por los republicanos cuando se dirigen a hablar en ese piso de la Cámara. Era la primera vez en la historia de los Estados Unidos que se atacaba a congresistas en el recinto del Capitolio.

Cuando la arrestaron, se dice que Lolita declaró: “¡Yo no vine a matar a nadie, yo vine a morir por Puerto Rico!”. Parecía cierto: estaba muy bien vestida, peinada de peluquería, tenía tacos altos, se había pintado los labios; quería irse con su mejor imagen, la de una hermosa y precoz madurez. Ella y sus compañeros de lucha fueron juzgados por intento de asesinato y otros delitos y sentenciados a la silla eléctrica. Finalmente, el presidente Harry Truman conmutó la pena por la de prisión perpetua, y Lolita fue encarcelada en la Institución Federal Industrial para Mujeres de Alderson, Virginia Occidental, mientras los otros comandos nacionalistas cumplieron décadas de condena en prisiones federales. En 1979, bajo presión internacional, el presidente Jimmy Carter concedió la amnistía a Lolita Lebrón y demás integrantes del grupo, después de haber estado 25 años en prisión. Un cuarto nacionalista, Andrés Figueroa Cordero, había fallecido antes del indulto presidencial. El entonces gobernador de Puerto Rico, Carlos Romero Barceló, no obstante, se opuso a la amnistía otorgada por Carter, afirmando que ello fomentaba el terrorismo y socavaba la seguridad pública.

Al regresar a la isla, Lolita fue bienvenida por varios grupos independentistas como una heroína. Continuó activa en la causa de la independencia y participó en la protesta contra la Marina de Guerra de los Estados Unidos en la isla de Vieques, zona de ejercicios y bombardeos militares utilizada durante años con todo desparpajo por los norteamericanos. Allí, en noviembre de 2000, habló en una manifestación y dijo: “Tuve el honor de dirigir el acto contra el Congreso de los Estados Unidos el 1º de marzo de 1954, cuando nosotros demandamos la libertad para Puerto Rico y le manifestamos al mundo que nosotros somos una nación invadida, ocupada y abusada por los Estados Unidos de Norteamérica. Me siento muy orgullosa de haber actuado ese día, de haber contestado el llamado de mi patria”. Luego, el 26 de junio de 2001, estuvo en el grupo de protesta que fue detenido por haber traspasado la zona restringida en Vieques. Sentenciada a la cárcel por un período de sesenta días por el delito de ocupación de las instalaciones de la Marina de Guerra de Estados Unidos, finalmente, el 1º de mayo de 2003, la Marina salió de Vieques y entregó la zona al gobierno local de Puerto Rico.


Lolita Lebrón, con sus más de ochenta años, continuó participando activamente en actividades independentistas. Como miembro del Partido Nacionalista de Puerto Rico, se opuso al proceso electoral por considerarlo demasiado conciliador. En 2006 participó en el Congreso Latinoamericano y Caribeño por la Independencia de Puerto Rico, celebrado en Panamá. En los últimos años de vida recibió muchos honores y reconocimientos, entre otros el del artista Octavio Ocampos, quien creó un afiche exhibido en la Galería de la Raza en San Francisco. En el Parque Humboldt de Chicago existe un mural que la presenta entre otras personalidades ilustres puertorriqueñas. De los libros escritos sobre ella se destacan The Ladies Gallery: A Memoir of Family Secrets, por Irene Vilar y Gregory Rabassa (este último, traductor al inglés de Miguel Angel Asturias, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Clarice Lispector, Jorge Amado, Julio Cortázar, entre otros), y también el libro Lolita la Prisionera, por Federico Ribes Tovar. La directora y productora de cine Judith Escalona planifica, desde hace tiempo, producir un film sobre su vida, de cuya realización aún no tenemos conocimiento. Irene Vilar, quien además de nieta de Lolita es, por su propia cuenta y riesgo, escritora de biografías y ficciones, publicó A Message from God in the Atomic Age: A Memoir, donde cuenta cómo fue crecer siendo la nieta de Lolita Lebrón y cómo le afectó, y conmovió a ella y a su familia. También en otras obras, como la novela biográfica Maternidad imposible, Vilar escribe sobre las difíciles alternativas que su familia tuvo que vivir por pertenecer al linaje independentista.

Lolita falleció el 1º de agosto de 2010. Recordada como una de las grandes poetas cósmicas hispanoamericanas, publicó varios libros de versos, entre ellos Sándalo en la celda, Grito primoroso y El origen de tu flauta. Llamó siempre la atención a sus biógrafos y partidarios, y hasta a sus críticos, esa otra pasión por “estar presentable” en los momentos decisivos, pintarse los labios y llevar en su cartera una provisión de lápices labiales como para aguantar un sitio. Debió haber escrito, también, algún tratado sobre las mil y una maneras de ser mujer, libre, militante, comprometida y bella,

Mario Goloboff

Entrevista a Cristina Kirchner.




Entrevista realizada por el periodista Hernán Brienza a la Presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner para la Tv Pública (Canal 7) y Radio Nacional en la que se recorren las las repercusiones del encuentro en el G-20 en relación con la historia de la deuda externa, los comienzos del sistema económico bimonetario, los diversos tipos de poder que influyen en las tomas de decisiones, el kirchnerismo, las influencias del peronismo, el regreso de Perón en el año 1973, la movilidad social, la Asamblea en la ONU, la Ley de Medios y una vida pública y familiar en política.

Sobre Anthony Burgess


En Borneo, cuando no está lloviendo, el sol te trepana la cabeza. El profesor John Wilson está dando clase al frente del aula cuando de repente se acuesta en el piso y decide no seguir. El profesor Wilson parece estar sufriendo un coma alcohólico, aunque conteste normalmente las preguntas que le hacen. En el hospital le preguntan si ha sufrido alucinaciones. El dice que, en los últimos días, cada vez que entra al baño de su casa, por la mañana, ve sentado en el inodoro a un hombre muy parecido a él, con una máquina de escribir sobre las rodillas, componiendo poemas. El Servicio Colonial lo fleta al Hospital de Enfermedades Tropicales de Londres, donde le diagnostican un tumor cerebral y le dan un año de vida. El profesor Wilson huye del hospital en camisón, pero el neurólogo que iba a trepanarle el cerebro era Roger Bannister, el primer hombre en correr la milla en menos de cuatro minutos: lo alcanzó enseguida, lo llevó de vuelta, le exigió que se portara como un hombre. El profesor Wilson se pasó la noche en vela y terminó interpretando así su sentencia de muerte: “No me pisaría un ómnibus, ni me acuchillarían en un callejón, ni me atragantaría con una espina de pescado, ni me desnucaría de un patinazo por la calle. Me quedaban 365 días por vivir: escribiendo a razón de mil palabras por día, en un año podía escribir Guerra y paz. O por lo menos un libro de mil páginas”.

Y eso fue lo que hizo: escribió las mil páginas (aunque no en un solo libro sino en cinco novelitas distintas, porque consideró que cinco libros le dejarían algo más de dinero a su viuda que uno solo) y cuando se cumplió el año le dijeron para su estupor que del tumor ni rastros, así que se puso a escribir otras mil páginas para no romper la cábala, y llegó vivo al final de ese año, por lo que conservó ese demencial ritmo de escritura durante los cuarenta años siguientes, y así fue cómo el profesor Wilson (en sus documentos John Anthony Wilson Burgess) se convirtió en el escritor Anthony Burgess. La leyenda fue fraguada por él mismo, en incontables entrevistas y charlas y en los dos tomazos de su autobiografía: era, había sido, y sería hasta el fin de sus días, El Hombre Que Escribía Demasiado (“¿No puede conseguirse un trabajo normal, como empleado de banco, por unos años al menos? –le decían en Inglaterra–. ¿No tiene autodisciplina para ser menos prolífico?”). Era El Venido De Ninguna Parte, léase Manchester, donde su padre tocaba el piano en cines en los tiempos de las películas mudas y el pequeño John aprendió a leer solo, de las placas de texto que aparecían en esas películas. El pequeño John se pasaba las tardes sentado en el cine porque un día, cuando era bebé, su padre volvió a casa y encontró a su mujer y a la hermana de John muertas por la gripe española.

Después se le murió el padre, cuando John tenía trece. Quedó a cargo de una madrastra que lo mandó pupilo en cuanto vio que el pequeño era capaz de conseguirse una educación a base de becas. Salió de Manchester convertido en maestro de escuela, hizo la guerra como maestro en Gibraltar, lo esperaba un puesto de maestro cuando volvió. Y era un maestro impecable, sólo que después bebía como un cosaco y leía como un animal lo que le cayera en las manos, y además padecía una esposa galesa, borracha y promiscua que, cuando él volvió de la guerra, le contó que una noche a la salida del pub había sido violada por dos soldados, que la dejaron no sólo estéril sino con hemorragias de por vida: todo lo que perdía de sangre diariamente necesitaba recuperarlo en gin. Los Wilson llegaron a Malasia, y después a Borneo, porque una noche de borrachera él escribió una carta pidiendo trabajo en el Servicio Colonial del Imperio: cuando lo citaron para darle el destino, tuvieron que mostrarle la carta porque él no se acordaba de nada. Al volver de Borneo, cuando ya era El Hombre Que Escribía Demasiado, arrastró a su esposa Lynne a Leningrado, porque necesitaba ver in situ ciertos detalles del idioma ruso para la jerga de Alex y sus drogos en La naranja mecánica. El plan era pagarse el viaje con unos vestidos de poliéster que consiguió a precio de saldo en Marks & Spencer y que se pasó los primeros cinco días del viaje vendiendo en los baños del hotel donde paraba, mientras Lynne bebía vodka en la habitación, hasta que tuvieron que hospitalizarla por coma alcohólico y los mandaron a los dos de vuelta a Inglaterra.

Mientras hacía estas cosas, escribía dos o tres novelas al año y manuales sobre el uso del inglés y ensayos que explicaban a Joyce y a Shakespeare, y comentaba libros (brillantemente y a velocidad pasmosa) para todos los suplementos culturales, y componía música (su verdadera vocación: no meras canciones sino sinfonías y óperas) sin el menor éxito. Y, cada vez que oía a Lynne golpear con su bastón el piso en la habitación de arriba, subía a llevarle su botella de gin. “Hasta que un día cesaron misericordiosamente los golpes sobre mi cabeza y pude escribir en paz, sólo que Lynne estaba muerta.” No se olvidó nunca de ella, tampoco tuvo paz. Se casó con otra sólo tres meses después. Era la exacta contracara de Lynne: se llamaba Liana, no era galesa sino italiana, no era rubia sino morocha, no era hija de proletarios sino de una condesa y un actor, y además traía a la rastra un hijo pequeño, que Burgess aceptó adoptar. Acto seguido abandonó Inglaterra rumbo al continente, en una absurda casa rodante (Liana al volante, él en el asiento de al lado, con la máquina de escribir sobre las rodillas, y el nene destrozando todo atrás), para no tener que pagar impuestos en ninguna parte.



Gracias a La naranja mecánica de Kubrick y al Jesús de Nazareth que escribió para Zefirelli se hizo famoso en Norteamérica y empezaron a estrenarle (en lugares como la Opera de Minnesota o el Paraninfo de Wichita) sus imposibles piezas musicales. Por suerte siguió escribiendo, tan inmoderadamente como siempre. Por esa época se le ocurrió una novela que iba a ser así: un tipo se levanta a la mañana, el día de su muerte, abre el diario y lee toda su vida en él, de la primera plana al crucigrama y los chistes. No la escribió nunca, pero su autobiografía es un poco así, aunque la verdadera vida que vivió en su cabeza hasta sus últimas consecuencias está en Poderes terrenales, la novela de mil páginas que escribió cuando ya no necesitaba más dinero, que es todos sus libros en uno y un crucero al corazón de las tinieblas del siglo XX. “En mi triste oficio, mentimos para ganarnos la vida. No sé quién lee novelas para que le cuenten la verdad, pero ¿cuál es el sentido de leer novelas si no nos las creemos?”, escribió en ese libro. Y también este párrafo imbatible, que cualquiera que lo haya leído conservará en la memoria el resto de su vida: “¿Quién no ha sido defraudado? No pensemos sin embargo que el culpable es un sistema, o la sociedad, o el Estado, o una persona determinada. Son nuestras ilusiones las que nos van defraudando. Todo comienza en el vientre materno y el descubrimiento de que hace frío allá afuera. ¿Y acaso es culpa del frío que haga frío?”.

Juan Forn, Página 12.

Rajoy: Fin de la cita.



Durante su primera intervención en el debate sobre el caso Bárcenas, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, citó en varias ocasiones frases textuales de Alfredo Pérez Rubalcaba, además de otras de otros políticos, que hasta en nueve ocasiones remató con la coletilla "Fin de la cita".

Pero en el discurso de Rajoy que el palacio de La Moncloa ha proporcionado a los medios, dicha coletilla venía entre paréntesis, como si fuera un recordatorio para el propio presidente o una anotación que en principio no tenía que leer. Pero, incapaz de salirse del guión, Rajoy la leyó hasta nueve veces.

El abuso de la coletilla no sólo causó cierta sorna entre los diputados —más de uno, empezando por Rubalcaba también la utilizó en su discurso—, sino que se ha convertido rápidamente en trending topic o tendencia mundial en Twitter.

The Hunter


M (Willem Dafoe), un cazador profesional, llega a Tasmania (Australia) contratado por una empresa multinacional dedicada a la biotecnología. Su objetivo: la caza del último ejemplar del tigre de tasmania (que posee una única y rentable sustancia tóxica en su organismo) que se cree extinguido desde hace décadas.


Se hospeda con la falsa identidad de David Martin (científico de la Universidad) en una solitaria cabaña comandada por los pequeños hijos de Lucy (Francis O´Connor), depresiva y en cama desde la desaparición de su esposo, ferviente activista ecológico, en el marco del terminal conflicto entre madereros y ecologistas.

No es original el hijo menor que, sin habla a raíz de los golpes psicológicos, se expresa a través de dibujos. Además de impedir la tala, su padre desapareció en busca del tigre y la información recaudada se la transmite a David.

Jack Mindy (Sam Neill) es quién recibe al cazador en la zona y controla (económicamente) la casa de Lucy. Pero, confabulado con los madereros, se vuelve peligroso ante la relación que David construye con la familia (ecologista) de la cabaña.



Así, con los madereros amenazantes, Lucy en profundo sueño depresivo, Jack vigilante y sospechoso y la naturaleza hostil, la búsqueda del temerario tigre adquiere una atmósfera densa matizada entre impactantes paisajes. Una de las más logradas escenas es la reactivación del grupo generador de la cabaña: David Martin repara el motor, las luces se encienden y la música (activada en tocadiscos) despierta a Lucy de su letargo en medio del baile de sus hijos.

Williem Dafoe sostiene la película de principio a fin. Solitario, parco y reconcentrado, el cazador transita entre peligros humanos y animales en permanente tensión.

De todas maneras, a pesar del buen clima logrado, la excelente fotografía, las buenas actuaciones, el acierto de ritmo y la dosis exótica, el final de la historia (novela original de Julia Leigh) cae en la más inverosímil de las ingenuidades: M, cazador furtivo y solitario mercenario empleado por multinacionales, logra su objetivo pero elige hacer justicia ética y moral (con llanto incluido) en lugar de hacerse con la mejor recompensa de su vida.


Título Original: "The Hunter".
Género: Aventuras. Acción
País y Año: EE.UU. - 2012
Dirección: Daniel Nettheim. .
Guión: Julia Leigh. Alice Addison. Wain Fimeri.

Reparto principal:
Willem Dafoe
Sam Neill
Frances OConnor
Sullivan Stapleton
Dan Wyllie
Callan Mulvey
Jacek Koman
Morgana Davies
Jamie Timony
John Brumpton

Fotografía: Robert Humphreys.
Música: Andrew Lancaster.
Producción: Liz Watts. Paul Wiegard. Vincent Sheehan.
Duración: 112 minutos
Estreno EE.UU.:4 de abril de 2012
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El secreto de la Coca Cola.


La Coca Cola, el refresco efervescente número uno del mundo, es una de las 500 marcas que produce "The Coca Cola Company" y que se comercializa en 206 países desde hace más de 125 años.

Surgió como una medicina para el cerebro y los nervios inventada por John Pemberton en 1886. La fórmula secreta del refresco fue patentada el 21 de enero de 1893 y a partir de entonces se vende bajo el nombre de una de las marcas más reconocidas mundialmente.

La fórmula del refresco es un secreto que se encuentra resguardado bajo el nombre "Merchandise 7X" en un banco en Atlanta (Estados Unidos). Sólo dos personas, directivos de la empresa, conocen los ingredientes secretos de la Coca-Cola y como éstos se mezclan.

Algunos de los ingredientes de la receta de Coca-Cola ya han sido descifrados, solo hay un ingrediente llamado saborizante secreto 7X, que le da a la Coca-Cola su sabor tan distinguido que aún nadie descifró.

La economía dirigida de la dictadura argentina (1976-1983)


Durante los años noventa se fomentó la venta de empresas públicas y privadas nacionales a capitales extranjeros para que ingresen dólares con el objetivo de sostener el régimen de convertibilidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, las utilidades y dividendos que las empresas extranjeras remiten al exterior comenzaron a pesar cada vez más en el sentido contrario. Así, el fuerte crecimiento económico de los últimos años generó un incremento de magnitud en la remisión de utilidades y dividendos, que pesan cada vez más sobre el balance cambiario. Según datos del Banco Central, entre 2003 y 2011 cerca de 22.000 millones de dólares fueron remitidos al exterior por las empresas extranjeras.

En 2012, las regulaciones cambiarias dispuestas por el gobierno nacional paralizaron totalmente ese egreso, abriendo un interrogante sobre cómo se reconfigurará la dinámica del capital extranjero en la economía argentina. Un cambio en la legislación puede institucionalizar algunas de las nuevas regulaciones que, de forma informal, comenzaron a aplicarse, tanto en lo que respecta a la limitación de la remisión de capitales como a otros aspectos vinculados con el nivel de integración con la economía nacional en materia de proveedores, desarrollo tecnológico y balance de divisas a nivel firma. A continuación se presenta un breve resumen del marco legal que hoy regula la actividad del capital extranjero en Argentina.

El Decreto Ley 21.382 de Inversiones Extranjeras, aún vigente, fue producto de la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz. Reemplazando la Ley de Radicaciones Extranjeras (Ley 20.557), la norma de la dictadura anuló un importante número de regulaciones sobre los capitales extranjeros que ingresaban al país.

Entre los cambios introducidos se eliminaron las restricciones al capital extranjero de instalarse en sectores económicos y áreas geográficas consideradas sensibles a la seguridad nacional. Se eliminaron requisitos ambientales y sociales, así como de contratación de mano de obra nacional, y transferencia de tecnología. Se proclamó una ficticia independencia jurídica entre la casa matriz y la subsidiaria, que fue utilizada para evadir el pago de impuestos remitiendo utilidades en forma encubierta a través del dibujo de los precios intra-firma de importación y de exportación, o fingiendo el pago de intereses por autopréstamos.

Otro requisito eliminado que debían cumplir las inversiones extranjeras radicadas en la Argentina fue el de generar un balance de divisas superavitario a nivel firma. Al respecto, la Ley 20.577 señalaba: “Que los bienes o servicios a producir posibiliten una sustitución de importaciones o sean objeto de exportaciones a través de un compromiso expreso, debiendo dejar un beneficio neto para el país en cuanto al balance de divisas de la radicación, computándose para su cálculo de probables egresos o repatriación de capital, utilidades, amortizaciones, intereses, regalías, importaciones –incluso las indirectas a través de los insumos– y otros egresos”.

A partir del golpe de Estado del 24 de marzo 1976, se produjeron profundos cambios en la estructura económica, que conformaron un nuevo modelo económico basado en una acumulación rentística y financiera, y la apertura externa irrestricta. Una vez recuperada la democracia, los constantes desequilibrios macroeconómicos durante el gobierno radical generados por la pesada carga de la deuda externa heredada generaban un clima de incertidumbre acerca de la marcha de la economía muy poco atractivo para las inversiones extranjeras. Pero en el contexto de las ideas reinantes del Consenso de Washington, Menem aprobó el texto reordenado del Decreto Ley 21.382. Esta nueva norma no sólo ratificó el decreto de la dictadura, sino que la hizo aún más liberal, estableciendo que los inversores externos pueden colocar sus capitales sin aprobación previa y repatriar sus utilidades en cualquier momento. Estas modificaciones se llevaron a cabo para avanzar en el profundo proceso privatizador, que se constituyó en un elemento central del proceso de extranjerización de la economía argentina.

Las mayores concesiones otorgadas por la legislación nacional al capital extranjero no fueron consideradas suficientes para brindar la “seguridad jurídica” que asegurara el necesario ingreso de divisas para sostener el plan de convertibilidad. Fue así que se resolvió comprometer internacionalmente al país mediante la firma de numerosos Tratados Bilaterales de Inversión (TBI) y la adhesión al convenio del Ciadi, prorrogando la jurisdicción en favor de tribunales extranjeros.

La firma de TBI fue el eje central de la política exterior argentina en materia de inversiones durante la década del ’90. La cantidad de acuerdos firmados se incrementó al ritmo del crecimiento de la inversión extranjera. En los primeros años, casi la totalidad de los TBI firmados están relacionados con países de la OCDE y coinciden con el traspaso a manos privadas de las más grandes empresas públicas (firmas de gas, electricidad, petróleo y provisión de agua potable y saneamiento).

En total se firmaron 58 TBI (de los cuáles cuatro no se pusieron en vigencia), colocando a la Argentina en el grupo de países que más tratados de este tipo han firmado (54 vigentes, junto con España y Suecia).

En América del Sur el comportamiento fue dispar, entre posiciones extremas caracterizadas por la experiencia argentina (casi 58 tratados firmados, de los cuales más del 90 por ciento fueron ratificados) y las de Colombia y Brasil, con un número muchísimo menor de tratados firmados, aunque ninguno de ellos fue aprobado por las legislaturas nacionales.

La mayoría los TBI tiene cláusulas similares: definición amplia del concepto de inversión, prórroga de jurisdicción a favor de tribunales arbitrales, cláusula de Trato Nacional (la normativa debe ser igual para el inversor nacional y el extranjero), cláusula de la Nación Más Favorecida (un tercer país puede recurrir al tratado firmado con otro país para usufructuar condiciones más favorables), protección de inversiones previas (efecto retroactivo del tratado a las inversiones realizadas con anterioridad a la entrada en vigencia del mismo), cláusulas de renovación automática, y vigencia por 10 a 15 años una vez denunciado.

La posibilidad de que una empresa extranjera demande a un Estado es una lógica introducida por estos tratados. Anteriormente los inversores externos únicamente podían reclamar por las vías diplomáticas y/o por las acciones que podían implementar sus Estados de origen.

Por otro lado resulta necesario destacar la hipocresía implícita en los TBI, dado que se trata de un régimen basado en la no discriminación (Trato Nacional y Nación Más Favorecida) que en los hechos es esencialmente discriminatorio: mientras que para las empresas locales existen únicamente los tribunales nacionales regidos por su ordenamiento jurídico, para las empresas extranjeras existe, además, la posibilidad de recurrir al arbitraje internacional.

El Ciadi es un tribunal arbitral creado en la esfera del Banco Mundial, donde las empresas y Estados son colocados en pie de igualdad, y su dirección está a cargo de las mismas corporaciones que entablan los juicios contra los Estados.
Los TBI establecen que, en caso de disputa, los inversores extranjeros pueden acudir a diversas instancias jurídicas externas para demandar al Estado receptor de la inversión. Si bien el Ciadi no es el único ámbito de resolución de disputas previstos en los TBI, es el principal y es el que suele utilizarse en el caso de que el país sea miembro del mismo.

En el caso argentino, echando por tierra su histórica postura sustentada en las ideas de Carlos Calvo y Luis María Drago, en 1994 adhirió al Ciadi. Sin embargo, ser parte del Convenio del Ciadi no implica el pase automático a su jurisdicción, sino que resulta necesario un consentimiento escrito que habilite la intervención de ese organismo. Justamente, ése fue el papel que jugaron los TBI, en tanto en la mayoría de ellos incluye el arbitraje ante el Ciadi como mecanismo para la resolución de controversias.

En la lógica de funcionamiento del Ciadi, los Estados no tienen la posibilidad de ganar una controversia, sino que únicamente pueden aspirar a “no perder”, y en ese caso de todas formas deben hacer frente a los costos judiciales involucrados, los que se estiman entre 2 y 3 millones de dólares por caso.

El Ciadi es un tribunal al que la Argentina aceptó someterse voluntariamente, y no está obligada a hacerlo. De hecho Brasil, por dar un ejemplo, no es miembro del Ciadi y eso no le ha traído ningún problema. Por otro lado, Estados Unidos, el propio impulsor del Ciadi, se rige por una ley federal que establece que las disputas que involucren a sus empresas y a su gobierno no se someten a arbitrajes exteriores sino a sus tribunales nacionales.

Las políticas económicas neoliberales, como la de la última dictadura militar o el menemismo en los noventa, dejaron un saldo de fuerte extranjerización de la estructura económica del país. Fue durante esas etapas de la historia argentina dónde se implementaron numerosas medidas que fueron edificando un marco institucional favorable al capital extranjero, en desmedro del nacional.

Las normas centrales son el Decreto Ley 21.382 de Inversiones Extranjeras, la adhesión al Convenio del Ciadi, y la firma de los numerosos TBI. Todas éstas se encuentran aún hoy vigentes. La modificación de las mismas se constituye en un elemento central para disciplinar el comportamiento de las grandes empresas de manera que sea compatible con el modelo de desarrollo vigente desde 2003, de lo contrario existe la posibilidad de que la iniciativa privada de las multinacionales de maximizar sus ganancias de corto plazo termine por impedir las condiciones necesarias para el desarrollo de la economía nacional.

Andrés Asiain y Agustín Crivelli, Economistas.

Murió Videla.


El informe del Servicio Penitenciario Federal detalla que el ex presidente argentino de facto Jorge Rafael Videla fue encontrado muerto en el inodoro de su celda del Complejo Penitenciario Federal 2 de Marcos Paz (Provincia de Buenos Aires). Caídas, fracturas y hemorragias se sumaron a sus 87 años de edad.

“Uno de los agentes asignados al pabellón, Sergio Cardozo, realizó una recorrida siendo aproximadamente las 6.40 hs de la que no surgen novedades. Posteriormente, en el recuento general, siendo aproximadamente las 8.00 hs, el celador lo observa sentado en el inodoro, pasa nuevamente a las 8.15 hs y al no responder al llamado, solicita la presencia del servicio médico”.

El informe confirma que la muerte se produjo (17.05.2013) alrededor de las 6:30 de la mañana.

La muerte de Videla (el presidente que entregó la Copa del Mundo a Daniel Passarella en 1978) produjo sus (indisimulables) efectos en un país dividido.

No sorprende a un argentino la inmensa y temeraria hipocresía que se respira en el ambiente. Un mosaico de explicación llega desde las portadas de los medios escritos y las columnas de TV. Podemos decir que, ante mínimos reconocimientos, la abrumadora mayoría plasma la actuación del personaje (Videla) con la distancia del rechazo, denotando en primer término su inobjetable responsabilidad en la muerte de miles “desaparecidos” (palabra que desde entonces se escribe en español en todo el mundo).

No se podía fusilar a “las personas que debían morir para ganar la guerra”, dijo Videla. Los antecedentes del generalísimo Francisco Franco, denunciado por protestas de gobiernos europeos, latinoamericanos y el Papa Paulo VI (1975) por la decisión de ejecutar a tres miembros de ETA y la liberación de los presos políticos dictaminada por Héctor Cámpora a horas de su asunción en 1973 que dejaba sin jueces cualquier proceso legal llevó a la Junta Militar argentina hacia el camino de las desapariciones para “evitar marchas y protestas”.

El objetivo era claro: “disciplinar a una sociedad anarquizada, fundar un nuevo modelo económico (liberalismo indiscriminado)”, disciplinar a un sindicalismo “exacerbado e irracional” y combatir el virus “disgregador y extranjerizante” de la izquierda, entre otros.

El saldo de este diagnóstico fue la muerte de miles de ciudadanos argentinos (torturas y campos de concentración mediante), la quiebras de cientos de empresas, aumento sideral de la deuda externa, creciente desempleo y pauperización más caída abrupta del poder adquisitivo de la población, mediante el horror que significa el terrorismo de Estado: el Estado, garante de la ciudadanía, era el asesino.

Ahora bien. Si el militar se vio conminado a tomar el poder para salvar a la Argentina del comunismo y no tuvo otro camino que la matanza para hacerlo ¿dónde están hoy los agradecidos a su empresa?

Entre los sectores (civiles) que apoyaron al Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) descolló el “establishment” económico, encarnado por la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias, que reunía a 700 empresas y que el 16 de febrero de 1976 cerró los lugares de trabajo y paralizó comercios, negocios y fábricas haciendo el primer paro patronal de la historia argentina.

Videla no quedó contento con ellos: “Se lavaron las manos. Nos dijeron ´Hagan lo que tengan que hacer´, y luego nos dieron con todo. ¡Cuántas veces me dijeron: ´Se quedaron cortos, tendrían que haber matado a mil, a diez mil más´! Era barato decir eso: ¡Mire el precio que tuve y que tuvimos que pagar! Y no me refiero sólo al precio objetivo de nuestra prisión actual, sino al precio subjetivo, a los planteos morales…”

Fue siempre inútil insistir con la pregunta de a qué empresarios se refería. Nunca hubo respuestas. Tampoco hubo respuestas sobre el destino final de los desaparecidos. Secretos que Videla se llevó a la tumba y que contribuyen a la no cicatrización de un país mal herido donde aquellos instigadores siguen caminando entre nosotros acaso condenando el nombre de un asesino.


Hang Massive: Danny Cudd y Markus Johansson


Once Again (2011) - Hang drum duo, Danny Cudd y Markus Johansson, mañana otoñal en Bath Spa. El Hang es un instrumento musical de percusión creado en los laboratorios pertenecientes a la compañía PANART, por Felix Rohner y Sabina Schärer en un cantón de Suiza en el año 2000. Hang significa Mano en idioma Bernés y fue el resultado de una investigación científica con acero y otros instrumentos de percusión resonante por todo el mundo, como el Gong, el Gamelan, el Steelpan o el Ghatam.

Led Zeppelin - Celebration Day


Celebration day es el documental de un concierto de Led Zeppelin, grabado el 10 de diciembre de 2007 en el O2 Arena de Londres . Antes de quedar en libertad bajo varios formatos de vídeo doméstico, el 19 de noviembre 2012 , la película fue exhibida en los cines el 17 de octubre. 

"Good Times Bad Times" (John Bonham, John Paul Jones y Jimmy Page)
"Ramble On" (Página y Robert Plant)
"Perro Negro" (Jones, Página y Planta)
"In My Time of Dying" (Bonham, Jones, Página y Planta)
"For Your Life" (Página y Planta)
"Hollada" (Jones, Página y Planta)
"Culpa sino-La mia de nadie" (Página y Planta)
"No Quarter" (Jones, Página y Planta)
"Desde Que estoy Loving You" (Jones, Página y Planta)
"Dazed and Confused" (Página)
"Stairway to Heaven" (Página y Planta)
"Restos La Canción the Same" (Página y Planta)
"Misty Mountain Hop" (Jones, Página y Planta)
"Cachemira" (Bonham, Página y Planta)
Primero Encore
"Whole Lotta Love" (Bonham, Willie Dixon, Jones, Página y Planta)
Segundo Encore
"Rock and Roll" (Bonham, Jones, Página y Planta)

Led Zeppelin Honored At The 35th Annual Kennedy Center Honors


Toda la parte de Led Zeppelin del 2012 Kennedy Center Honors, televisado el 26 de diciembre de 2012, INCLUYE: Introducción por Jack Negro, los Foo Fighters Haciendo "Rock and Roll", Kid Rock Haciendo "Ramble On", Lenny Kravitz tocando "Whole Lotta Love "y Jason Bonham, Ann & amp; amp; amp; Nancy Wilson (del corazón) y Un coro completo interpretando "Escalera al cielo".