ADARME


adarme
(Del ár. hisp. addárham, este del ár. clás. dirham, y este del gr. δραχμή 'dracma').
1. m. Peso que tiene 3 tomines y equivale a 179 cg aproximadamente.
2. m. Cantidad o porción mínima de algo.
por ~s.
1. loc. adv. En cortas porciones o cantidades, con mezquindad.
Real Academia Española ©

dracma
dracma s. amb.
1 Unidad monetaria de Grecia hasta su sustitución por el euro en el año 2002.
— s. amb.
2 Moneda antigua de plata de Grecia y Roma que valía cuatro sestercios.
Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.

dracma (l. drachma; gr. -mé)
f. Antigua unidad monetaria de Grecia, sustituida por el euro en enero de 2002.
Moneda griega de plata.
Peso usado antig. en farmacia (3,594 g, octava parte de una onza, o sea tres escrúpulos).
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.


En español el término dracma puede llevar tanto el género femenino como el masculino, siendo el femenino más adecuado a la etimología de la palabra y el recomendado por la RAE, así como el único aceptado por el Vox de Uso del Español de América y de España. El masculino ha sido atraído por otras palabras griegas que acaban en -ma (-μα) (p.ej. dilema, drama), dado que ésta es una desinencia de nombre de acción muy común en griego clásico, que no guarda ninguna relación con la desinencia -ma (originalmente -μῆ) de dracma.

Tradicionalmente se ha derivado el término «dracma» (en griego antiguo δραχμῆ) del verbo δράττω (dráttō, «empuñar, agarrar»), con el significado, pues, de «puñado». Esta teoría data de, al menos, el siglo IV a. C. y se basa en el hecho de que una dracma se divide en seis óbolos. Los primeros óbolos consistían en una barra de metal larga y fina, por lo que un «puñado» de seis de ellos constituirían el peso de una dracma.4

En el siglo V a.C. la moneda más utilizada en el mundo griego fue la tetradracma ateniense, en cuyo anverso aparecía la diosa Atenea con un casco de guerra y un mochuelo en el reverso. Hoy en día a estas monedas se las conoce en griego como γλαύκες (glaukes) "mochuelos". El reverso se utiliza hoy en día en las monedas griegas de 1 euro.

Dependiendo de la ceca, las dracmas se acuñaron con diferentes pesos y medidas. La medida estándar que más o menos se utilizó fue la ateniense o ática, que consistía en unos 4,3 g de plata.

Tras las conquistas de Alejandro Magno, el nombre de la moneda se utilizó en la mayoría de los reinos helenísticos de Asia, incluyendo el reino ptolemaico en Alejandría. La unidad monetaria utilizada por los árabes, el dirham, tomó su nombre de la dracma, así como el dram armenio.

No tiene mucho sentido comparar el valor de las antiguas dracmas con las tasas de cambio de la actualidad debido al hecho de que la variedad de enseres producidos por las distintas economías de hace decenas de siglos son muy diferentes a las de hoy en día, lo que hace que la paridad del poder adquisitivo sea muy difícil de calcular. Sin embargo algunos historiadores y economistas han estimado que una dracma del siglo V a.C. se correspondía alrededor de los 25 USD de 1990, o 36 USD de 2006,6 basándose en los historiadores clásicos que decían que el sueldo medio diario de un trabajador especializado hoplita era de 1 dracma,7 y el sueldo de un magistrado de la Heliea era de dracma y media en el 425 d.C.8 Comentarios modernos derivados de la obra de Jenofonte9 decían que con media dracma al día durante un año una familia pobre podía vivir holgadamente en el 335 a.C. Años antes, en el 422, Aristófanes en su comedia Las avispas criticaba que con el sueldo diario de dracma y media de un magistrado de la Heliea podía subsistir una familia de tres miembros.

Las fracciones y múltiplos de la dracma se acuñaron en varias ciudades-estado, como en el reino Ptolemaico de Egipto, que tenían monedas con denominaciones en oro, plata y bronce. Las monedas de oro de este reino incluían la pentadracma y la octodracma, y en las monedas de plata estaban la tetradracma, decadracma y pentakedecadracma. Esta característica es especialmente notoria, ya que hasta la introducción del Guldengroschenen 1486 (sobre todo en las monedas de plata) no se acuñaban monedas con valores tan altos.

La peste negra.


La peste negra, peste bubónica o muerte negra se refiere a la pandemia de peste más devastadora en la historia de la humanidad que afectó a Europa en el siglo XIV y que alcanzó un punto máximo entre 1347 y 1352, matando un tercio de la población continental; aunque Diane Zahler estima que la mortandad superó la mitad, quizás el 60% de los europeos ó 50 de 80 millones.2 Se estima que la misma fue causa de muerte de aproximadamente 50 a 75 millones de personas entre los primeros casos en Mongolia (1328) y los últimos en la Rusia Europea (1353). Afectó devastadoramente Europa, China, India, Medio Oriente y el Norte de África. No afectó el África subsahariana ni al continente Americano. La teoría aceptada sobre el origen de la peste explica que fue un brote causado por una variante de la bacteria Yersinia pestis. Apareció hacia 1320 en el desierto de Gobi9 y en 1331-1334 llegó a China, un año después de que grandes inundaciones devastaran extensas regiones del país, después de arrasar en 1330 Birmania, llegando a India en 1342 y algunas regiones de la actual Rusia en 13389 y a Europa en 1346. Según crónicas de 1353, desde 1331 murieron dos tercios de la población china, en efecto, entre esa fecha y 1393 su población cayó de 125 a 90 millones. Es común que la palabra «peste» se utilice como sinónimo de «muerte negra», aún cuando aquella deriva del latín «pestis», es decir, «enfermedad» o «epidemia», y no del agente patógeno. De acuerdo con el conocimiento actual, la pandemia irrumpió en primer lugar en Asia, para después llegar a Europa, a través de las rutas comerciales. Introducida por marinos, la epidemia dio comienzo en Mesina. Mientras que algunas áreas quedaron despobladas, otras estuvieron libres de la enfermedad o solo fueron ligeramente afectadas. En Florencia, solamente un quinto de sus pobladores sobrevivió. En el territorio actual de Alemania, se estima que uno de cada diez habitantes perdió la vida a causa de la peste negra. Hamburgo, Colonia y Bremen fueron las ciudades en donde una mayor proporción de la población murió. No obstante, el número de muertes en el este de Alemania fue mucho menor.

Variantes del Español.

PALABRAS QUE NO SIGNIFICAN LO MISMO EN TODOS LADOS

¡Pata! puede significar dos cosas: pierna de los animales o hembra del pato. Pero además, en Cuba y Perú un pato o una pata es un amigo o amiga: «Oye, pata, vamos al cine».

Chucha es un vulgarismo para aludir a la hembra del perro, aunque en algunos países de América del Sur tiene un significado completamente diferente: mal olor de las axilas; además, en Chile, «está en la chucha» quiere decir que está lejos.

Chucho es un perro en algunos países, pero en otros es la cárcel o un obispo. También alguien que tiene chucho es que tiene celos y, en Argentina, «hace chucho» es que hace frío.

El chivo es el macho de la cabra. En Argentina y Uruguay "olor a chivo" es mal olor en las axilas. En Cuba y Guatemala chivo significa chuleta, el papelito que se saca a escondidas en los exámenes y que sirve de «ayuda» (machete en Argentina, polla en Ecuador). En Venezuela el término chivo se asocia a negocio ilícito/fraude, bicicleta, juego de dados, proxeneta u hombre de prestigio. 

Una polla es una gallina nueva; en España también significa pene; en México una bebida que debiera probarse de visita en el país; en Chile una puesta colectiva y en toda Latinoamérica es una apuesta. 

Las conchas se encuentran en la playa. En Argentina, Chile, Perú y Uruguay, concha es la parte externa del aparato genital femenino.

La plata es un metal, pero en Latinoamérica significa también dinero por las monedas de este mineral. 

Un tarro es un tipo de recipiente y la cabeza de una persona. En Argentina y Uruguay tener tarro es tener suerte y en Cuba es un cuerno de un animal.

Pijo en España es una persona con gustos de una clase social acomodada; sin embargo, en Murcia, pijo es una interjección y estar alguien a la pija en Guatemala es estar borracho. 

Pana, la tela, es una fruta en Puerto Rico y un amigo en Ecuador, Puerto Rico y Venezuela.

Amante es la persona con la que se engaña a la pareja/cónyuge. En Aragón (España) es un vocativo (especialmente entre la gente mayor).

Coger, es agarrar/tomar en España y tener sexo en Latinoamérica. Cogerlo suave en Panamá y Puerto Rico quiere decir tomárselo con calma.

Si aprendiste español en España seguro que la palabra frijol te suena raro. Suele significar judías, pero en México, los frijoles son la comida. Buscarse los frijoles puede significar buscarse las habichuelas, ganarse la vida. 

¡Qué bonitos los capullos de la primavera! Igual no tanto, porque capullo en España puede ser también un insulto. 

Si has estado alguna vez en España habrás oído «me voy a fumar un pitillo», porque pitillo allí significa cigarrillo, pero no lo digas en México, porque estarás diciendo que te vas a fumar un pene, ni tampoco lo digas en Venezuela, porque dirás que te vas a fumar el cilindro de plástico con el que se beben algunas bebidas. Ese cilindro en Bolivia y España es una pajita, que también en España y otros países es masturbación. Masturbación en México es chaqueta, que a su vez en todos los países hispanoparlantes es la prenda de vestir.

Cachucha es en Colombia una gorra, pero en Argentina es una vagina.

Un mamado es un borracho en España, Argentina, Bolivia, Nicaragua, Paraguay y Uruguay. En Colombia es alguien que está cansado y en México es un despropósito.

Gallego es en España, natural de Galicia. Sin embargo, en algunos países de Latinoamérica refiere a todos los españoles. En Costa Rica un gallego es un tonto o una libélula y en El Salvador, un tartamudo. 



Cuestiones de método en Suramérica.


El concepto que late en el horizonte de la lucha contrahegemónica en suramérica es el de unidad. Este concepto –cuyo origen se le atribuye a Bolívar, que quería conducirlo– tiene, a su vez, que ser aclarado. La unidad de Suramérica es una totalidad en permanente destotalización. O, si se prefiere, una unidad que se decontruye una y otra vez para construirse de nuevo. Es la unidad de una diferencia, que se estableció en el siglo XIX bajo las oligarquías nativas y el imperio británico, a la que se llamó balcanización. Pero la balcanización de América latina deberá estar (hoy) al servicio de su unidad, deberá expresar la identidad de cada país, su diferencia con los otros y, superándola, la necesariedad de superar la diferencia en busca de una unidad contraimperial, contracolonialista. Somos Occidente, pero al modo de sus víctimas. Somos Occidente, pero al modo de la subalternidad. Somos Occidente, pero somos su periferia. Somos Occidente, pero (y he aquí nuestro breve homenaje al fallecido Galeano) somos sus venas abiertas, sangrantes, nutritivas y finalmente secas, o siempre secándose en beneficio del poder hegemónico. Somos libres, pero al modo que el imperio siempre lo ha querido: no en tanto colonias, sino neocolonias. Nuestra situación sigue siendo –no poscolonial, como si hubiéramos dejado por completo atrás esa situación– sino neocolonial. (Nota: Este concepto –el del pacto neocolonial– tuvo su respaldo académico cuando Tulio Halperin Donghi lo incluyó en su Historia de América Latina. Hasta ahí se manejaba el de semicolonia que Jorge Abelardo Ramos desarrollara en Historia de la Nación Latinoamericana, libro mejor escrito y más entretenido que el de Tulio, pero sin su prestigio académico. Tulio escribía desde la academia norteamericana y el Colorado Ramos desde Corrientes y Talcahuano, a lo Viñas.)

¿Qué es una neocolonia? En el Parlamento británico, durante el siglo XIX, un brillante hombre del imperio, Richard Cobden, dijo que había que abandonar el burdo colonialismo. Que era necesario cederles su orgullo a las colonias. Que debían ser libres, tener escudo, bandera e himno nacional. Ejércitos, autoridades propias, sostener sus ideas religiosas, todo eso debían tener. Todo eso les permitiría el imperio sin incomodarse al solo costo de que comerciaran mayoritariamente con él. Sean libres, si así lo quieren. Pero permítannos ayudarlos. Les extraeremos el petróleo, les compraremos todo el azúcar, el algodón, el trigo y las vacas. No se gasten en tener industrias. Son muy caras y estamos nosotros para entregarles lo que necesiten. Vivan de la riqueza de sus suelos generosos. Sean el granero del mundo. Nosotros seremos el taller.

Esta situación –que ha sido analizada y todos conocen– echa por tierra el concepto “poscolonial” con el que los profesores “poscoloniales” de la academia norteamericana –basándose en Foucault, Deleuze, Lacan y Derrida– se han hecho un destacado lugar en esos claustros, que han generado la tersa teoría del “multiculturalismo”. (Concepto que rechazamos y ya explicaremos por qué.)

Pero, en tanto, la teoría neocolonial señala una carencia, un desajuste, sólo la modificación de un escenario colonialista, pero nunca su superación, nunca el surgimiento de una nueva hegemonía conquistada por medio de una praxis contrahegemónica, la teoría poscolonial da por resuelto un problema que subiste. La “libertad” de las colonias, su poscolonialidad, no ha resuelto el problema colonial, que continúa pero por otros medios.

Los territorios de América del Sur no han hecho ninguna revolución. No estará mal revisitar estos temas hermenéuticos durante estos días de mayo. Sé que muchos colegas, personas a las que respeto, buscan un surgimiento glorioso para nuestro país. Sé que se enojan cuando planteo estas tesis sobre las acciones de mayo y las siguientes. Sin embargo, mi interpretación no disminuye el coraje de aquellos hombres de los principios de los países del sur. No me importa discutir si San Martín fue un agente inglés. Si Moreno quería (nada menos y nada más) que liberar a Suramérica del poder español y entrar en la modernidad capitalista. No dudo que en la Conferencia de Guayaquil San Martín se retiró por muchos motivos. Entre ellos, y acaso el principal, porque no compartía el proyecto bolivariano de la unidad de América latina. Había venido para liberar al continente del perimido dominio español. Esa fue su lucha. Esa fue su gloriosa campaña libertadora. Que fue gloriosa y que liberó, sin duda, a los países de Suramérica del arcaísmo hispánico. La Generación del ’37 lo sigue en este punto. San Martín es uno de los hombres más puros de nuestra América. (Con Antonio José de Sucre.) Vino a luchar contra el poder español. Triunfó y le cedió el paso al ambicioso Bolívar, que buscaba unir al continente bajo una dictadura nacional que él encarnaría. Cuando, en 1829, regresa al país y se entera de la sedición contra Dorrego, recibe las visitas de Rivadavia y Lavalle, de a uno por vez. Le ofrecen el comando del Ejército Libertador, que, bajo el mando de Lavalle, ha derrotado y fusilado a Dorrego. San Martín se niega. Precisamente dicho: se niega a ser Lavalle, ya que Lavalle fue lo que San Martín se negó a ser. Transformó, ensuciándolo, al Ejército Libertador en policía interna, algo que trazaría un destino indigno para el Ejército Argentino recién recuperado durante los primeros años del siglo XXI. Fue larga la sombra de Lavalle, que llega a su punto máximo con Videla.

San Martín, ya desde su exilio europeo, pondera la acción de Rosas y, según se sabe, le cede, en su testamento, el sable que lo acompañó en las guerras de la Independencia. Apoyaba las luchas de soberanía y liberación, no las internas. Rosas es y será siempre un núcleo conceptual sobredeterminado para los que buscan pensar la historia argentina. ¿No sabía San Martín que engalanaba con su sable a un restaurador de las tradiciones hispánicas? ¿No sabía que ese restaurador (¿qué restaurador no es un reaccionario?) rechazaba a las fuerzas de la modernidad capitalista que apoyaban sus enemigos, los cultos liberales, los que habían leído a Rousseau, a Victor Cousin, a Savigny? Lo sabía, pero siempre estuvo antes con la defensa de la soberanía territorial que con los imperios que buscaban someterla en nombre de las luces, de la razón, del progreso. También Alberdi apoyó a Rosas.

Si buscamos los núcleos axiales de una historia (la nuestra) que persiguió su identidad a través de sus empeños contrahegemónicos, de su búsqueda de un espacio de libertad, de sus escasos, pero importantes y despiadadamente reprimidos, intentos de una praxis de emancipación, esa batalla, la de la Vuelta de Obligado, entrega uno de los momentos más elevados de toda lucha anticolonialista. De aquí el entusiasmo de San Martín.

No se trata de incurrir en un rosismo a destiempo. Rosas fue la gran figura de los primeros revisionistas (los del ’30), pues requerían del pasado una gran figura nacionalista para fortificar al caudillo que apoyaban en el presente, Uriburu. Nadie mejor que Rosas para eso. Y Carlos Ibarguren, en su biografía del gaucho de Los Cerrillos, hizo con brillo la tarea. Sin embargo, el Rosas de la Vuelta de Obligado va más allá de su derechización en manos de los revisionistas tempranos, iniciáticos. Es el jefe de una gran lucha contrahegemónica. No podía ignorar que iba a perder esa batalla en el campo de las armas. Igual la dio. Igual, en desventaja, ofreció pelea. Las dos flotas unidas de las más grandes potencias de Europa no la sacaron gratis. Rompieron las cadenas del río, pasaron, pero tuvieron que volver pronto. Muchos buques estaban averiados y las mercaderías a comercializar deterioradas.

Nosotros, hoy, que hemos buscado nuclear una fuerza contrahegemónica, una praxis libre, una conciencia crítica, también estamos en inferioridad de condiciones. Vemos que la política se hunde en las ciénagas de la banalidad. Que las subjetividades están colonizadas por el poder mediático. Pero tal vez aún sea posible arruinarles algunos negocios. Como Rosas. Pero sin esperar el sable de San Martín, no. No podemos llevar a cabo una lucha contrahegemónica tan importante como para merecer semejante premio. Todavía.

José Pablo Feinmann.

El patrón, radiografía de un crimen.


La primera ficción de Sebastián Schindel trae una película eminentemente argentina o un mosaico de profunda argentinidad. Desde su bajo presupuesto, la base verídica y los tópicos desarrollados no puede verse otro país, incluso en su fragmentación interna (social y demográfica).

La extrema pobreza de Santiago del Estero (junto a Misiones, Chaco y Formosa la más pobre de las provincias argentinas) expulsa hacia Buenos Aires a Hermógenes Saldívar (Joaquín Furriel), joven y analfabeto peón rural que viene a dar con Latuada (Luis Ziembrowski), corrupto y despótico porteño, el patrón que le da lugar en una de las carnicerías de su cadena barrial. Así, presentado el lugar, la víctima y el victimario, se inicia, en (dos) cronologías lineales, el camino hacia el hecho ya anunciado en el mismo título: la “radiografía de un crimen”

Deconstruido el suspenso y acentuado el rigor documentalista sólo se trata de desvelar “el cuándo y el cómo”. Es en ese transcurso, crudo, oscuro y claustrofóbico, donde se desarrolla esta historia de relaciones personales. 

Borges pinta al argentino como quien "no reconoce relaciones más que interpersonales, por lo que descree, desconoce y no cultiva una relación con las instituciones". Así también, lejos de la norma, Hermógenes es conminado a vender carne podrida y, lejos de la presencia estatal, el Dr. Di Giovanni (Guillermo Pfening) toma el caso judicial (a desgano) por un intercambio de favores. 

Contraste de clases, estafa bromatológica y justicia irregular son los tópicos que construyen la doble linealidad del relato, trabajado sí sobre la actuación, el maquillaje, el realismo y la crudeza de los efectos visuales, pero no en la profundidad del drama ni en evolución alguna de los personajes (que bordean el estereotipo). De ahí que la consumación del crimen, “el cómo y el cuándo”, la unánime perla a descubrir, pueda aparecer a destiempo y sorprender hasta apresurada. 

Acaso el visible acento documentalista, el rigor investigativo y la intención de denuncia también contribuyeran al escaso desarrollo de la trama secundaria sobre el irregular, ineficaz y anquilosado funcionamiento del poder judicial (argentino). 

Demasiado quizá para sostener el film en las performances actorales entre las que se destacan Germán De Silva (Armando) y el propio patrón (Luis Ziembrowski). Luego, la llave de curiosidad que implica Joaquín Furriel analfabeto y desdentado, termina sin vigor cuando el guión conspira contra la credibilidad del ambicioso personaje (muy logrado en la relación con su pareja Gladys, Mónica Layrana). 

Con alguna referencia en el cine de Pablo Trapero y de los hermanos Dardenne y sin salirse del clasicismo narrativo, Sebastián Schindel intenta asomar desde el género documental (Mundo Alas, El rascacielos latino, Rerum Novarum, Que Sea Rock, Germán, Cuba Plástica) haciendo ficción sobre el libro homónimo de Elías Neuman que relata un hecho verídico dado en la Argentina de 1983, tratando temas que, treinta años después, yacen en el más ardiente de los candeleros políticos.

El patrón, radiografía de un crimen (Argentina / Venezuela, 2014). 
Dirección: Sebastián Schindel. Reparto: Joaquín Furriel (Hermógenes Saldívar), Luis Ziembrowski (Latuada), Germán de Silva (Armando), Guillermo Pfening (Dr. Di Giovanni), Mónica Lairana (Gladys), Andrea Garrote (Dra. Nora), Victoria Raposo (Clara). Cinematografía: Marcelo Iaccarino. Dirección de arte: Augusto Latorraca. Música: Lucas Kohan. Sonido: Javier Farina, Fernando Vega y Hernán Gerard. Producción ejecutiva: Nicolás Batlle. Producida por Magoya Films / Estrella Films. Duración: 98 minutos.

Alejandro Carnero.

Esclavos en Buenos Aires.


Puerto de Buenos Aires. Informe del arribo de un barco de esclavos y 
registro de las marcas de cada uno de ellos, 19 de abril de 1637.
Documentos Escritos. Sala IX.Legajo 45- 5-6

Transcripción:

En la Ciudad de la Trinidad Puerto de Buenos Aires en diecinueve días del mes de Abril de mil seiscientos treinta y siete. Los señores Contador Luis de SalcedoTesorero Antonio de la Mar jueces (…) les de la Real Hacienda (…) del Río de la Plata hicieron (…) de las (…) presas de esclavos varones y hembras grandes y pequeñas de que denuncia Diego Hernández, alguacil de la Real Hacienda, el cual le hizo de sus nombres marcas y (…) en la forma y manera siguiente.
Primeramente un negro nombrado Domingo con la del margen en el brazo derecho y esta (Marca) en el pecho izquierdo y esta (Marca) confusa en el brazo izquierdo de edad de dieciocho años al parecer.
Un moleque Jorge con la del margen en el brazo derecho algo confusa y esta (Marca) en el brazo derecho y esta (Marca) en el pecho izquierdo de edad de trece años al parecer.



Un negro Antonio con la del margen en el brazo derecho algo confusa y otra como ella en el pecho izquierdo asimismo confusa y esta (Marca) en el pecho izquierdo algo confusa mas debajo de esta de veinticuatro años al parecer.
Un negro Pedro con las del margen pecho derecho y otra muy confusa en el brazo derecho de edad de dieciocho años al parecer.
Otro negro Pedro con la de margen en el brazo derecho esta (Marca) en el pecho izquierdo de edad de veintiocho años al parecer.
Un negro Joan sin marca ninguna de edad de diecisiete años al parecer.
Otro negro Joan sin marca ninguna de edad de dieciocho años al parecer.
Un moleque Joan con la del margen en el brazo derecho y otra mas confusa en el otro brazo y otra (Marca) en el pecho izquierdo y otra (Maca) en el pecho derecho de edad de quince años al parecer.
Un negro Francisco con la del margen en el brazo derecho y con la misma en ambos pechos y brazo izquierdo de edad de veintidós años al parecer.
Un negro Miguel sin marca ninguna de edad de (once) años al parecer.
Un negro Paulo con una marca confusa en el pecho derecho no se pudo sacar su candado de veinte años al parecer.


Un negro Miguel (…) con la del margen en el pecho izquierdo y esta (Marca) en el pecho derecho y otra muy confusa en el brazo derecho de edad de treinta y cinco años al parecer.
Un negro Antonio con la del margen en el brazo derecho y otra (Marca) en el pecho derecho y otra (Marca) en el brazo izquierdo de edad de veinticuatro años al parecer.
Un negro Gaspar sin marca ninguna de edad de veintisiete años al parecer.
Una moleca María con las del margen en el brazo derecho confusas y otra confusa en el pecho izquierdo y en el brazo izquierdo, esta (Marca) algo confusa de edad de doce años al parecer.
Una negra María con la del margen en el brazo derecho y la misma en el pecho derecho y esta (Marca) en el pecho izquierdo de edad de veintiséis años al parecer.
Una moleca María con las del margen en el brazo derecho y esta (Marca) en el pecho izquierdo y estas (Marca) en el brazo izquierdo de edad de quince años al parecer.
Una negra Ángela con la del margen en el brazo derecho y esta (Marca) en el brazo izquierdo de edad de veinte años al parecer.
Una moleca Lucía con la del margen en el brazo derecho y esta (Marca) el el brazo izquierdo de catorce años al parecer.
Una moleca María con la del margen en el brazo derecho de edad de diez años al parecer.
Una moleca María sin marca ninguna de edad de diez años al parecer.
Una moleca (…) con la del margen en el pecho izquierdo de edad de nueve a diez años al parecer.
Un moleque Francisco con la del margen en el brazo derecho y esta (Marca) en el pecho derecho y esta (Marca) en el pecho izquierdo de nueve a diez años al parecer.
Un moleque Manuel con la del margen en el pecho izquierdo de edad de diez años al parecer.
Sigue....

Atlas Vallard


El Atlas Vallard, adscrito a la escuela cartográfica de Dieppe (norte francés; Nicolas Vallard de Dieppe, 1547), presenta un claro componente portugués, bien por su cartógrafo (anónimo) o por el modelo que lo inspiró, a tenor de la influencia portuguesa en la toponimia. Se da la (muy significativa) circunstancia histórica de que este atlas muestra por primera vez la costa oriental de Australia, 200 años antes de los viajes de Cook, considerado (erróneamente) el descubridor del continente.

Las notables miniaturas de la compilación reflejan escenas de episodios de colonización propias del siglo XVI y no pocas ilustraciones sobre la vida de la población autóctona, entre ellas las de la carta portulana n°12, correspondiente a La Pampa Argentina (12. Sudamérica: Río de la Plata y estrecho de Magallanes) donde pueden verse, entre escalas de distancias y latitudes, en derredor de la desembocadura del Río de la Plata en el Atlántico meridional, dos barcos desiguales (uno de bandera latina), una batalla de indios desnudos sobre un territorio inhóspito e inhabitable, otros indios trabajando en minas, cazando, recogiendo madera, descansando y comerciando con (dos) europeos, un tercer europeo portando un arma de fuego y sosteniendo una serpiente, una hamaca vacía (pendiendo de un árbol) y una fauna representada por monos, una iguana, un venado, dos loros y un perro europeo.

El atlas se inicia con un texto introductorio sobre la actividad solar, seguido de un calendario. El atlas del mundo se compone las siguientes 15 cartas portulanas a doble página (reverso del pergamino en blanco) orientadas con el Sur en la parte superior.

1. « Terra Java » (costa este de Australia).
2. « La Jave » (costa del norte de Australia), una parte de Asia, Insulindia.
3. « Terra Java » (costa oeste de Australia).
4. Golfo Pérsico y Mar Rojo.
5. Sur de África y Madagascar.
6. Océano Atlántico y costas de África y de Brasil.
7. Noroeste de África.
8. Europa y Norte de África.
9. Norteamérica y Canadá costa este.
10. Centroamérica.
11. Caribe y Brasil.
12. Sudamérica: Río de la Plata y estrecho de Magallanes.
13. Europa y norte de África.
14. Mar Adriático.
15. Mar Egeo.


NOTAS:
La nomenclatura está escrita en minúscula con tinta negra y roja, y con oro para las áreas geográficas; las islas están pintadas de azul, rojo u oro. Hay numerosas rosas de los vientos en cada carta con las habituales 32 líneas de rumbo en negro, rojo y verde para las direcciones principales.


Las cartas 14 y 15 parecen ser de otra mano, ya que difieren en técnica cartográfica y estilo artístico. En el f. 1, bajo una esfera armilar se encuentra la inscripción: Nicolas Vallard de Dieppe, 1547.


Propietarios del códice: Charles Maurice de Talleyrand-Périgord, Príncipe de Bénévent (1754-1838). Robert Triphook lo adquirió en Londres, el 8 mayo 1816 (n. 3464) y lo vendió a Henry Bohn el 29 marzo 1833 (n. 445). David Steward Ker lo vendió a Sir Thomas Phillipps (Londres), el 7 de mayo 1849 (pt. IV, n. 791). “Phillipps MS 13199” anotado en las guardas ii y iii, y su exlibris en la contracubierta anterior junto a la fecha (1850) y una nota con descripción del manuscrito. Adquirido por medios privados por Henry E. Huntington a través de A. S. W. Rosenbach en 1924.


Signatura: HM 29

Fecha: 1547. Tamaño: 390 x 280 mm. Cantidad de páginas: 68. Encuadernado hacia 1805 en piel roja estampada en oro. Estudio monográfico ilustrado en color (240 pp.) a cargo de Luís Filipe F. R. Thomaz (Director del Instituto de Estudios Orientales de la Universidad Católica Portuguesa), Dennis Reinhartz (Profesor Emérito de la Universidad de Texas en Arlington) y Carlos Miranda García-Tejedor (Doctor en Historia).
«Casi-original», edición primera, única e irrepetible, limitada a 987 ejemplares numerados y autentificados notarialmente. ISBN: 978-84-96400-46-7

Casa Batlló, Antonio Gaudí.


La casa Batlló está situada en el número 43 del Paseo de Gracia de Barcelona, en la isla de casas que se conoce como la “manzana de la discordia” por tener edificios de diferentes estilos arquitectónicos.

En un principio el propietario, Josep Batlló, quería derribar el edificio por lo que en 1901 pidió permiso al Ayuntamiento de Barcelona. Pero en mayo de 1904 hizo una nueva solicitud pidiendo la reforma total de su casa. El piso principal tenía que ser la vivienda del señor Batlló y su família, y las otras cuatro plantas se dividirían en dos pisos cada una para alquilar, tal como había hecho Calvet en su casa de la calle Caspe.

Los trabajos que se realizaron fueron ensanchar el patio interior de la casa, cambiar la fachada de la planta baja y el piso noble, coronar la cubierta y redistribuir todos los espacios interiores de las viviendas. El patio interior se ensanchó y se revistió con unas piezas cerámicas diseñadas por Gaudí. En la parte alta son de color azul oscuro y a medida que bajan hasta la planta baja van cambiando hacia tonalidades más claras hasta llegar al colo blanco. Así se consigue una mejor distribución de la luz natural.

La solución que Gaudí pensó para la fachada mantuvo en vela al constructor José Bayó durante tres noches ya que se apuntaló totalmente hasta que se tuvieron a punto las nuevas y finas columnas de arenisca de Montjuïc, para sustituir los machones originales.

Las ventanas de la tribuna de la planta noble se ampliaron y su nuevo aspecto propició un apodo para esta nueva obra de Gaudí: “la casa dels Badalls” (la casa de los Bostezos). Otros de los nombres que recibe es el de la “casa dels ossos” (casa de los Huesos) por la semejanza de las finas columnas de la tribuna con una estructura ósea. Las losas de los balcones se cambiaron por unas de planta curvada y encima se colocaron las famosas barandillas que tantas interpretaciones han originado.

En el último piso encontramos dos elementos que rompen la simetría de la fachada: una terraza y un torreón. En principio Gaudí quería colocar la torre en el centro de la parte alta de la fachada pero se dió cuenta que si la ponía allí, dominaría sobre la fachada de la vecina casa Ametller, construida por Puig y Cadafalch, y le quitaría belleza. Por ese motivo la desplazó y rebajó la parte izquierda construyendo la terracita. La torre está revestida con trozos de cristal, tiene escritos los monogramas de Jesús, María y José y está coronada por una cruz de color marfil que fue fabricada en Mallorca. Al salir del horno se resquebrajó toda pero Gaudí dijo que así le gustaba más.

Toda la fachada se rebajó formando ondulaciones, se recubrió toda con mortero de cal y se revistió con fragmentos de vidrios rotos de distintos colores y con piezas circulares de cerámica. Gaudí dirigía personalmente des de la acera la colocación de estos vidrios.

En la parte alta del edificio se construyeron dos desvanes superpuestos para los lavaderos y los depósitos de agua, con bóvedas tabicadas de perfil parabólico. Por fuera se recubrieron con pedazos de azulejos, en la fachada posterior, y con escamas cerámicas de gran tamaño y de distintos colores, en la fachada principal. Estas escamas, junto con la forma sinuosa de la cubierta recuerdan el lomo de un dragón.

En la parte posterior de la fachada hay varias chimeneas coronadas con un sombrerete y una bola cada una. Estas bolas son copia de las originales ya que estas se rompieron y durante un tiempo fueron sustituidas por unas de hormigón.

El revestimiento de la parte posterior de la fachada se hizo con trencadís de todos colores y el pavimento, con fragmentos de mosaico de Reus. Actualmente este pavimento es de simple rasilla fina porque el original se estropeó con las humedades. En general, las paredes maestras no se tocaron pero la distribución de los pisos se cambió totalmente.

En el salón del piso noble se construyó un altar que se podía cerrar con una puerta y que contenía una imagen de la Sagrada Família tallada por Josep Llimona, un cristo en la Cruz de Carles Mani, unos candelabros de Josep María Jujol y un sagrario que dibujó Joan Rubió. Ahora está en casa del hijo del señor batlló, en Madrid. En el techo de este salón se decoró con un cielo raso de mucho relieve con forma de espiral.

El comedor estaba situado en la fachada posterior y para dicha estancia diseñó Gaudí una mesa, varias sillas y un banco, que actualmente se pueden ver en la casa-museo del Park Güell.

En otra habitación hay una preciosa chimenea empotrada, con un banco en cada lado, con revestimiento de cerámica. Se conservan los planos que se presentaron al Ayuntamiento de Barcelona y unos magníficos dibujos de Gaudí de la fachada principal, esbozo de la posterior y algunos pormenores de la sección. Pero, como en otras obras, Gaudí prefirió una maqueta de yeso, que en este caso era la fachada de la casa original, que fue evolucionando hasta el proyecto final.

En 1970 se limpió la fachada principal, en 1981 se restauró el interior del desván y hasta 1984 se trabajó en la restauración de las chimeneas.