Venecia: sueño de turistas, pesadilla de residentes.


Parece que Italia se está cansando de los turistas maleducados. Primero fue el Ayuntamiento de Florencia, quien harto de la imagen que daban los turistas sentados comiendo en las calles del centro histórico, impuso unas multas de hasta 500 euros a quienes desobedecieran. Ahora ha sido otra de las ciudades más visitadas del país, Venecia, quien se plantea dar un golpe encima de la mesa. El alcalde de la ciudad, Luigi Brugnaro, estudia multas de entre 50 y 500 euros para los visitantes que se sienten en el suelo o en los escalones de los monumentos e iglesias de la ciudad de los canales. Y aunque la medida todavía no está aprobada, se sumaría a las otras reglas que pretenden regular el comportamiento de los turistas.

Y es que Brugnaro ya subió las multas contra los incívicos el año pasado. Si alguien pasea con el torso desnudo, debe pagar 200 euros. El doble, 400 por realizar escritos encima de los monumentos, tocar música sin autorización o abandonar basura por la ciudad. Bañarse en los canales comporta la peor sanción, 450 euros, pese a que algunos no les importa nada saltarse la prohibición. Este verano (2018) los visitantes se indignaron por el baño que se dieron dos turistas franceses delante de la Plaza de San Marco. “Hace calor”, dijo el francés al gondolero que les sorprendió mientras les grababa. “Vive la France!”, les respondió. También han surgido quejas por el grupo de chicas inglesas que tomaban el sol en bikini en los jardines Papadopoli.

Brugnaro ganó la alcaldía con una lista de centroderechas, pero la centroizquierda no está convencida de que prohibirlo todo sea una solución. La atención está puesta en el artículo 35, justamente el que prohíbe sentarse en el suelo y en los escalones, y no sólo comer o beber en ellos. Algunos representantes de la minoría, como el PD, piden que el Aayuntamiento disponga de áreas con bancos para que los turistas también tengan derecho a descansar.

El turismo masivo tiene consecuencias. Con sus 30 millones de visitantes al año, Venecia está perdiendo a los venecianos. Si en 1951 aquí vivían 175.000 personas, este año quedan poco más de 53.000. Los residentes lo achacan al turismo descontrolado. Los hoteles han reemplazado a las casas, y una media de 700 venecianos cada año abandona la ciudad de los canales para irse a tierra firme. Hace unos pocos meses, el Ayuntamiento organizó una especie de tornos para regular los flujos de acceso que fueron un desastre. Pronto hubo manifestaciones y los arrancaron delante de las cámaras. “Los tornos no son la solución, pero son la demostración de que parte del Gobierno podría haberse dado cuenta de que hay un problema después de 30 años sin hacer nada”, criticó el presidente de la Asociación de Hoteleros, Vittorio Bonacini. La Unesco ya ha avisado de que si esto sigue así, dejará de ser patrimonio de la humanidad.

























Alemania, país de desigualdad.


En Alemania, uno de los países más ricos del mundo, está aumentando la desigualdad. Los ricos prosperan, los pobres se quedan rezagados.

La clase media lucha por mantener su estatus, en lugar de, como en el pasado, lograr el ascenso mediante el trabajo y el mérito. Los jóvenes de hoy disponen de menos ingresos que las generaciones anteriores. Los cineastas viajan por la Alemania "de la desigualdad" y revelan cifras claras y trasfondos. 

En el reportaje intervienen los principales investigadores y expertos en la desigualdad del mundo. Y acompañan en su trabajo a Christoph Gröner, uno de los mayores desarrolladores inmobiliarios alemanes. "Si Usted tiene una gran fortuna, ya no puede perderla mediante el consumo, arroja el dinero por la ventana y este vuelve a entrar por la puerta", dice Gröner. Construye edificios de apartamentos en casi todas las principales ciudades alemanas, vende casas y planifica barrios enteros. "Los empresarios somos más poderosos que los políticos porque somos más independientes"

Dan su opinión los principales investigadores y expertos mundiales en desigualdad, como el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, el economista Thomas Piketty o Brooke Harrington, que han llevado a cabo una intensa investigación de campo entre los inversores de la élite financiera internacional. Branko Milanovic fue director económico del Banco Mundial y evalúa la globalización. Los perdedores, dice, son la clase media baja de los países ricos, como Alemania. "Estas personas hoy ganan lo mismo que ganaban hace 20 años". Milanovic resume, "Como hace cien años la humanidad se encuentra nuevamente ante una encrucijada: ¿Sigue permitiendo que la creciente desigualdad destruya las sociedades de los países ricos, o le hace frente?"