Persuasión.


La palabra persuasión es un cultismo que viene del latín persuasio, persuasionis (convicción, acto de convencer completamente con argumentos y hasta con halagos), nombre de acción del verbo latino persuadere, un prefijado con per (acción perfectiva y completa, indica que se ha pasado a través de toda la acción hasta el final) y el verbo suadere (aconsejar, exhortar a una postura o convencimiento), del que también proceden palabras como suasoria o suasible. El verbo se vincula a una raíz indoeuropea swad (agradable, dulce), que también produjo en latín el adjetivo suavis (grato, agradable), que nos da suave y suavizar.

La raíz swad, que está en la base también de viejas palabras del campo indeoeuropeo (como swete en anglosajón antiguo, que significa dulce), como es habitual en la fonética generativa del griego clásico, perdió la sigma inicial dejando como rastro una aspiración, y dio lugar a la palabra griega hedoné (placer), de la que derivamos hedonismo y hedonista.

Aristóteles sostenía que la persuasión se produce cuando están presentes el ethos (credibilidad), el logos (lógica) y el pathos (emoción).

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